miércoles, 24 de mayo de 2017

Thich Nhat Hanh

Si sabemos cómo conducirnos en el momento presente, no tenemos que preocuparnos por el futuro.Si el momento presente tiene paz, alegría y felicidad, entonces el futuro también lo tendrá.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Sopa de pollo para el alma

El amor y el taxista
El otro día, en Nueva York, cogí un taxi con un amigo. Cuando nos bajamos, mi
amigo le dijo al taxista:
—Le agradezco el viaje. Es usted un conductor estupendo.
Durante un segundo, el hombre se quedó atónito. Después reaccionó:
—Oiga, ¿me está tomando el pelo o qué?
—Nada de eso, amigo mío, no tengo intención de molestarlo. Admiro la
tranquilidad con que se mueve en medio de semejante tránsito.
—Ah —farfulló el conductor, y siguió su recorrido.
—¿A qué venía eso? —pregunté.
—Estoy tratando de restaurar el amor en Nueva York —me respondió mi
amigo—. Creo que es lo único capaz de recuperar la ciudad.
—¿Cómo es posible que un solo hombre salve Nueva York?
—No es cuestión de un solo hombre. Creo que a ese taxista le he cambiado
el día. Suponte que haga veinte viajes. Pues será amable con esos veinte
pasajeros porque alguien fue amable con él. Ellos, a su vez, serán más cordiales
con sus empleados, servidores o colaboradores, e incluso con sus respectivas
familias. En última instancia, la buena disposición podría extenderse a un millar
de personas por lo menos. No está mal, ¿no te parece?
—Pero tú confías en que ese taxista transmita tu buena disposición a los
demás.
—No estoy confiando en nada —respondió mi amigo—. Me doy cuenta de
que el sistema no es totalmente seguro. Hoy puedo encontrarme con diez
personas muy diferentes, si de entre esos diez puedo hacer felices a tres,
finalmente podré influir en forma indirecta sobre las actitudes de tres mil más.
—Teóricamente suena bien —admití—, pero no estoy seguro de que en la
práctica funcione.
—Si no funciona no se pierde nada. No perdí ni un minuto en decirle a ese
hombre que estaba haciendo muy bien su trabajo. Ni le di una propina mayor ni
una más pequeña. Y si mis palabras cayeron en oídos sordos, ¿qué importa?
Mañana habrá algún otro taxista a quien pueda tratar de hacer feliz.
—Oye, tú estás un poco chiflado —señalé.
—Tus palabras demuestran lo cínico que te has vuelto. Este asunto lo tengo
estudiado. Lo que al parecer les falta a nuestros empleados de correos, aparte
de dinero, por cierto, es que nadie les dice lo bien que están haciendo su trabajo.
—Pero si no están haciendo bien su trabajo.
—Si no están haciendo bien su trabajo es porque sienten que a nadie le
importa cómo lo hacen. ¿Por qué no decirles una palabra que les anime?
En ese momento pasábamos junto a un edificio en construcción, donde
cinco obreros estaban almorzando. Mi amigo se detuvo.
—Qué trabajo estupendo habéis hecho —señaló—. Debe de ser algo muy
difícil y peligroso.
Los hombres lo miraron con desconfianza.
—¿Cuándo estará terminado?
—En junio —gruñó uno de ellos.
—Ah. Pues realmente, es impresionante. Debéis de estar muy orgullosos.
Seguimos caminando y yo le señalé:
—No he visto a nadie como tú desde que leí el Quijote.
—Cuando esos hombres asimilen mis palabras se sentirán más felices y, de
alguna manera, su felicidad será un beneficio para la ciudad.
—Pero, ¡esa no es una tarea para que la hagas tú solo! —protesté yo—. Al
fin y al cabo, no eres más que un hombre.
—Lo más importante es no descorazonarse. Intentar que la gente de la
ciudad vuelva a ser feliz no es tarea fácil, pero si puedo enrolar a más gente en
mi campaña...
—Acabas de guiñarle el ojo a una mujer feísima —le señalé.
—Ya lo sé —me respondió—. Piensa que si es maestra de escuela hoy sus
alumnos tendrán un día fantástico.

Art Buchwald

jueves, 11 de mayo de 2017

Cuentos y fábulas de Buda

El Buda de Madera
Una fría noche de invierno, un asceta errante pidió asilo en un templo. El pobre hombre estaba tiritando bajo la nieve, y el sacerdote del templo, aunque era reacio a dejarlo entrar, acabó accediendo:
—Está bien, puedes quedarte, pero sólo por esta noche. Esto es un templo. No un asilo. Por la mañana tendrás que marcharte.
A altas horas de la noche, el sacerdote oyó un extraño crepitar. Acudió rápido al templo y vio que el forastero había encendido un fuego y estaba calentándose.
 Observó que faltaba un Buda de madera, y preguntó:
—¿Dónde está la estatua?
El otro señaló al fuego con un gesto y dijo:
—Pensé que iba a morirme de frío…
—¿Estás loco? ¿Sabes lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado al Buda!
El fuego iba extinguiéndose poco a poco. El asceta lo contempló fríamente y comenzó a removerlo con su bastón.
—¿Qué haces ahora? —vociferó el sacerdote.
—Estoy buscando los huesos del Buda que, según tú, he quemado.  

jueves, 4 de mayo de 2017

Cuentos y fábulas de Buda

Los Dos monjes budistas
Dos monjes budistas estaban paseando fuera del monasterio.
Uno era un viejo maestro aproximadamente de unos noventa años y el otro eran un principiante joven. Ellos estaban cerca de una corriente de agua que había inundado sus bancos.
Al lado de la corriente había una joven hermosa que les dijo, "Mirad, Maestros, está todo inundado.
¿Me ayudaría usted a travesar la corriente?".
El joven monje estaba horrorizado ante el hecho de tener que tomarla para travesar el charco, pero el viejo con calma la tomó y la llevó a través la corriente. Cuando llegaron al otro lado de la corriente, él la dejó y los dos monjes continuaron caminando. El joven no podía dejar de pensar en este incidente y finalmente le dijo al más viejo, " ¡Maestro! Usted sabe que hemos jurado abstinencia. No nos permiten tocar una joven hermosa así. ¿Cómo podría usted tomar a aquella joven hermosa en sus brazos y dejarle poner sus manos alrededor de su cuello, sus pechos al lado de su pecho, y llevarle a través de la corriente así? ". Y el anciano le dijo, "¡Hijo mío, usted todavía la lleva encima! ".  

viernes, 28 de abril de 2017

Cuentos y fábulas de Buda

El Egoísmo
El primer ministro de la dinastía Tangera un héroe nacional por su éxito como estadista y líder militar. Pero a pesar de su fama, poder, y riqueza, se consideraba a sí mismo como un humilde y devoto budista. Visitaba a menudo a su maestro preferido de Zen para estudiar bajo su instrucción, y parecían llevarse muy bien. El hecho de que era primer ministro no tenía, aparentemente, ningún efecto en su relación, la cual parecía ser simplemente una de un reverendo maestro y un respetuoso estudiante.
Un día, durante su usual visita, el primer ministro le preguntó al maestro, "Su Reverencia, según el budismo ¿qué es el egoísmo?". La cara del maestro se puso roja, y en un tono de voz muy condescendiente e insultante, increpó a modo de respuesta, "¿¡Qué clase de pregunta estúpida es ésa!?".

Esta imprevista respuesta conmocionó tanto al primer ministro que llegó a fruncir el ceño y a enfadarse. Entonces el maestro de Zen sonrió y dijo, "ÉSTO, Su Excelencia, es egoísmo."

sábado, 22 de abril de 2017

EL NÚCLEO DEL NÚCLEO - Ibn Arabis

Hay un hadith (narración) que dice lo siguiente: «Cuando la gente destinada al Paraíso llega a cierta etapa, el Señor les muestra un destello, corriendo un poco la cortina que esconde Su Grandeza y Poder, y dice: “Soy vuestro Señor, el más grande”. Es decir, soy ese gran Dios al que durante años habéis anhelado y ansiado ver. Esta revelación de Dios les asombra y la niegan diciendo: “Nunca pudiste ser nuestro Señor”. Y, dicho esto, deliran y se enfurecen. En
ese momento la revelación cambia tres veces y las tres vuelven a negarla. Entonces Dios les pregunta: “¿Hay algún indicio de vuestro Señor entre vosotros?”, y contestan: “Sí, lo hay”. Entonces, Él se aparece a cada uno, según la medida y la capacidad de entendimiento de lo que cada uno supone y cree. Tras esa revelación lo aceptan y dicen. “Tú eres nuestro Señor, el más grande de los más grandes”». Según dice el Hadith (narración): «Estarás buscando a tu Señor como si fuese la Luna llena y te perderás en el éxtasis».
Los que ven hoy a su amado
son los que verán mañana
¿Qué sabrán del amado allí

los que están ciegos aquí?

domingo, 16 de abril de 2017

Los tres leones

En la selva vivían 3 leones. Un día, el mono, representante electo por los animales, convocó a una reunión a todos los habitantes de la selva, para poder tomar una decisión. Y les dijo:
– Todos nosotros sabemos que el león es el rey de los animales, pero frente a un problema o de tener que tomar una decisión, podemos no saber a quién dirigirnos.  Existen 3 leones y los 3 son muy fuertes. ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia?  ¿Cuál de ellos deberá ser nuestro rey?
Los leones supieron de la reunión que se estaba realizando y comentaron entre sí:
– Es verdad, la preocupación de los animales tiene mucho sentido. Una selva no puede tener 3 reyes.  Luchar entre nosotros no queremos, ya que somos muy amigos… Necesitamos saber cuál será el elegido, pero, ¿cómo descubrirlo?
Los animales que participaban en la reunión, después de mucho deliberar, llegaron a una decisión y se la comunicaron a los 3 leones:
– Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que ustedes 3 van a escalar la montaña Difícil – dijo el mono.
– El que llegue primero a la cima, será consagrado nuestro rey – dijo el ciervo.
La montaña Difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron al pie de la montaña para asistir la gran escalada. El primer león intentó escalar y no pudo llegar. El segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado. El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado. Los animales estaban impacientes y curiosos; si los 3 fueron derrotados, ¿cómo elegirían un rey?
En este momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra:
– ¡Yo sé quién debe ser el rey!
Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gran expectativa.
– ¿Cómo?, preguntaron todos.
– Es simple… dijo el águila.  Yo estaba volando bien cerca de ellos y cuando volvían derrotados en su escalada por la montaña Difícil, escuché lo que cada uno dijo a la Montaña.  El primer león dijo: “¡Montaña, me has vencido!”. El segundo león dijo: “¡Montaña, me has vencido!”. El tercer león dijo:” ¡Montaña, me has vencido, por ahora!  Pero ya llegaste a tu tamaño final, y yo todavía estoy creciendo.”
La diferencia, completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento, pero no desistió, y para quien piensa así, su persona es más grande que su problema.
Si él es el rey de sí mismo, está preparado para ser el rey de los demás. Los animales aplaudieron con entusiasmo al tercer león que fue coronado El Rey de los Animales.
Moraleja:
No tiene mucha importancia el tamaño de las dificultades o problemas que tengas. Tus problemas, por lo menos en la mayor parte de las veces, ya llegaron al nivel máximo, pero no tú. Tú todavía estás creciendo y eres más grande que todos tus problemas juntos. Todavía no llegaste al límite de tu potencial y de tu excelencia. La montaña de las Dificultades tiene un tamaño fijo, limitado.  ¡TÚ TODAVÍA ESTÁS CRECIENDO!
Y acuérdate del dicho:

“NO DIGAS A DIOS QUE TIENES UN GRAN PROBLEMA, PERO DILE AL PROBLEMA QUE TIENES UN GRAN DIOS”.