REIKI EN ALCALA DE HENARES
SESIONES DE REIKI TODOS LOS MARTES
sábado, 6 de junio de 2026
Meditaciones Marco Aurelio
jueves, 4 de junio de 2026
Meditaciones Marco Aurelio
No menos les debo: el no haber sido educado demasiado tiempo en casa de la concubina de mi abuelo; el haber conservado la inocencia hasta bien entrada la juventud; el no haber hecho prematuramente ningún acto de virilidad; más aún, el que transcurriese mucho tiempo antes de iniciarme; el haber sido subordinado a un príncipe, mi padre, que debía con sus sanos ejemplos y consejos evitarme toda vanidad y ayudarme a comprender que se puede vivir perfectamente en sociedad sin necesidad de guardias, de trajes lujosos, de lampadarios, de estatuas y de otras cosas parecidas usadas solo para aparentar; es decir, a darme cuenta de que un príncipe puede reducir sus vanidades hasta el punto de llegar a no sobrepasar las de un particular, sin que por ello desprecie ni humille su rango ni descuide los deberes que debe ejercitar como soberano y los derechos que puede exigir, por ello mismo, en nombre del Estado; el haber tenido un hermano como el que tuve, capaz por su carácter de inducirme a tener mucho cuidado de mí mismo sin dejar por ello de encantarme por su gran afecto y consideraciones hacia mí; el no haber tenido hijos torpes ni contrahechos; el no haberme aficionado excesivamente a la retórica, a la poesía y a otros estudios que me hubieran movido a dedicarme a ellos totalmente de haber observado que pudiera hacer en ellos progresos; el haberme anticipado a los deseos de mis maestros colocándolos en las dignidades que me parecían ambicionar, sin dilatar el cumplimiento de sus deseos ni pretender que, puesto que aún eran jóvenes, más tarde podría realizar sus aspiraciones; el haber conocido a Apolonio, a Rústico y a Máximo; el haber comprendido muchas veces y con toda claridad lo que es la vida conforme a la Naturaleza, de tal modo que el que no viviese de acuerdo con ella no dependería en modo alguno de los dioses, de sus comunicaciones, inspiraciones y ayudas, sino de mi propia culpa por no tener en cuenta precisamente sus advertencias, es decir, sus lecciones; la resistencia extraordinaria de mi cuerpo, no obstante mi trabajosa vida; el no haber tocado a Benedicta ni a Teodoto; el haberme curado pronto y sin dolor, más tarde, cuando el amor me hizo su víctima; el no haber empeorado con hechos de los que luego hubiera tenido que arrepentirme, mis enfados con Rústico; el que mi madre, que estaba destinada a morir joven, pudiese pasar a mi lado sus últimos años; el que cuando se me ocurrió socorrer a un hombre necesitado o que por alguna razón necesitaba ayuda, pudiera hacerlo; el no haber necesitado a mi vez que otro me ayudase con sus préstamos; el haber desposado a una mujer tan obediente, amante y sencilla; el haber tenido buenos maestros para mis hijos; el haber soñado diversos remedios para mis males, especialmente para corregir mis mareos y los esputos sanguinolentos que con frecuencia arrojaba, como me sucedió filosofía, ni para pasar el tiempo en el análisis de autores y silogismos o perderle, igualmente, ocupándome de la física celeste. Forzosamente, tanta ventura me fue concedida por los bondadosísimos dioses y por la Fortuna. Esto lo escribo en el país de los Cuados (4), al borde del río Gran.
(4) Pueblo
germánico de origen suevo, que habitaba al norte del Danubio.
martes, 2 de junio de 2026
Pensamientos de Marco Aurelio
(3)
Antigua ciudad del Lacio a unas 20 millas de Roma y a la derecha de la Vía
Apia.
viernes, 29 de mayo de 2026
Pensamientos de Marco Aurelio
De Frontón: haber observado a qué grado de envidia, de
disimulo y duplicidad llegaron los tiranos, y cómo, casi siempre, esas gentes
que llamamos los «patricios» son incapaces de verdadero afecto para los demás.
De Alejandro el platónico: a no alegar con demasiada
frecuencia ni sin necesidad, bien de palabra, bien por escrito, exceso de
ocupaciones; a no eludir con demasiada persistencia los deberes que imponen las
relaciones sociales pretextando estar abrumado por los trabajos.
De Cátulo: a no despreciar las quejas de los amigos ni aun
siendo infundadas; por el contrario, a tratar de sacarles de su error y de
afirmar nuevamente las relaciones cordiales; a no decir sino bien de quienes
nos enseñan, como hacían Domicio y Atenodoro, que siempre que hablaban de sus
maestros lo hacían con el mayor respeto. bueno; el haber conocido gracias a él
a Tresa, Helvidio, Catón, Dión y Bruto; de haber adquirido también por él una
noción clara de lo que es un Estado democrático, de un gobierno fundado sobre
la igualdad y el común derecho de todos a exponer sus ideas; de un imperio en
que sobre todas las cosas se respete la libertad de sus ciudadanos. De él aprendí
también a rendir culto constante y sin desfallecimiento a la filosofía; la beneficencia
y la libertad llevada al más alto grado; así como a no desconfiar del afecto que
nos profesan los verdaderos amigos. Acostumbraba también a reprender a quienes tenía
que hacerlo o a censurar a aquellos que a su juicio lo merecían con la mayor claridad
y franqueza; de tal modo era sincero que jamás tenían sus amigos que perderse en
conjeturas sobre lo que pensaba y sobre lo que quería, que una y otra cosa eran
en todo momento en él cosa evidente.
De Máximo: el dominio de sí mismo y el no dejarse arrastrar
por ninguna clase de impulsos, fueran cuales fuesen; el valor en todas las
circunstancias, muy especialmente en el curso de las enfermedades; aquella
dulce mezcla de dulzura y nobleza que daban tan grato sello a su carácter;
aquel su ánimo generoso que le hacía cumplir sin esfuerzo cuantos trabajos se
le deparaban; la confianza que sabía inspirar de que su pensamiento y su
palabra eran una sola y única cosa y de que cuanto hacía era movido por la
buena intención; el no asustarse ni asombrarse jamás; la falta de precipitación,
de lentitud, de abatimiento, de temor, de cólera y de desconfianza; el prodigar
el bien, la facilidad en el perdonar, la lealtad; el dar la idea siempre de un hombre
justo y sincero, sin doblez; en fin, aquella su manera de ser que evidenciaba
que a nadie miraba con menosprecio ni superioridad.
miércoles, 27 de mayo de 2026
Pensamientos de Marco Aurelio
De Rústico: el haberme convencido de que era preciso controlar mi carácter y vigilarme muy atentamente; el no haber compuesto tratados retóricos y engañosos discursos destinados a convencer a los demás; el no haber intentado sorprender mediante falsa apariencia de actividad o de beneficencia; el haber renunciado a la retórica, a la poesía, al estilo refinado; el no usar la toga dentro de casa y toda otra vanidad semejante; a usar en mis epístolas el estilo sencillo del que me dio buen modelo en la carta que escribió desde Sinuesa (2) a mi madre; a estar siempre dispuesto con respecto a quienes me hubiesen faltado y me hubiesen tratado bruscamente, a reconciliarme con ellos y a ir a su encuentro a la menor indicación que hiciesen de arrepentimiento; a leer con el mayor detenimiento y a no contentarme con considerar las cosas de un modo insuficiente y sumario; a no dejarme convencer por esas gentes que hablan de continuo a tontas y a locas; en fin, haber podido leer, gracias a él, pues me los prestó de su biblioteca, los libros que nos conservan las lecciones de Epicteto.
(2) Ciudad de la Campania, luego integrada en el Lacio; famosa por las aguas
termales de las inmediaciones. La Vía Apia pasaba por la población.
De Apolonio: la independencia; el decidirme a obrar sin
vacilaciones y sin entregarme ciegamente en manos de la suerte; el no tener
otro guía que la razón en todo instante; el ser siempre dueño de mí mismo, aun
afligido por grandes dolores, por largas enfermedades o aun por la pérdida de
un hijo; el haberme mostrado con su nobilísimo ejemplo que la mayor energía y
la más grande dulzura de carácter pueden aliarse perfectamente; el haber
aprendido a ser paciente como él lo era en todas su explicaciones; el haberme
enseñado con su ejemplo vivo y sencillo, pues era hombre tan modesto que en muy
poco tenía aquella habilidad y experiencia con que participaba a los demás sus doctrinas;
en fin, el haberme enseñado, asimismo, cómo es preciso acoger lo que entre amigos
suelen considerarse como favores, es decir, a no dejarme ganar fácilmente por ellos,
ni tampoco a despreciarlos groseramente.
De Sexto: la benevolencia y el ejemplo de una familia
patriarcal; la concepción de lo que es la vida según la Naturaleza enseña; la
gravedad exenta de afectación; la verdadera solicitud, esa que continuamente
acecha los deseos de los amigos para complacerlos; la tolerancia con los lerdos
y con los que acostumbran a opinar sin haber reflexionado previamente; el arte
de ponerse a tenor con todo el mundo, arte que él practicaba naturalmente, con
tal perfección que, sin adulaciones ni bajezas, encantaba a cuantos le
trataban, sin que por ello dejase de inspirarles el más profundo respeto; su habilidad
en descubrir con absoluta precisión el mejor modo de ordenar aquellos
principios por los que es preciso regular la vida; el no haber manifestado
jamás cólera ni sombra de toda otra pasión indigna; muy por el contrario,
evidenciar siempre un carácter tan tranquilo como afectuoso; en fin, su
habilidad para hablar discretamente y para hacer gala, sin la menor pedantería,
de sus vastos conocimientos.
sábado, 23 de mayo de 2026
Pensamientos de Marco Aurelio
De la reputación y memoria dejada por mi padre: su pudor y
carácter varonil.
De mi madre: su sentido religioso, su inclinación a dar
cuanto tenía y abstenerse de cualquier acto de maldad, así como su vida
sencilla, lejos de toda clase de lujos y vanidades.
De mi bisabuelo: no haber frecuentado las escuelas públicas;
pero no haber desdeñado la presencia en su casa de los mejores maestros y
haberlos remunerado como se merecían, sin reparar en gastos.
De mi preceptor: no tomar partido en quejas públicas; la
resistencia y frugalidad; el cuidado de no encomendar a otro el trabajo propio,
de no empezar cien asuntos a la vez y de no prestar oídos a los chismosos.
De Diógenes: la aversión a las futilidades; la incredulidad
a las patrañas y mentiras sobre la manera de preservarse de los demonios y
otras necedades parecidas; el no aficionarse a la crianza de codornices
augurales ni otras manías semejantes; el soportar las opiniones de los demás
cuando eran sinceras; el haberme familiarizado con la filosofía teniendo por
maestros primero a Baquio y luego a Tandasio y a Marciano; el aprender a
dialogar desde muy niño; el haberme habituado a cama humilde cubierta de piel
y, en fin, a cuantas prácticas y disciplinas son propias de un verdadero
filósofo griego.
jueves, 21 de mayo de 2026
E L ANTÍDOTO PARA LA ALEJACIÓN ESPIRITUAL - Jeff Foster
Estoy sudando.
Tengo la boca seca.
Me siento terriblemente incómodo.
¿Y qué?
Sigo aquí.
Sigo de pie.
Sigo hablando.
Sigo bailando.
Sigo ocupando espacio.
Sigo plenamente presente.
Esto es valentía.
No debilidad.
Ah, ¿lo llamas debilidad?
Déjame preguntarte:
¿Detrás de qué máscara te escondes?
¿De qué huyes para no sentirte tan vivo como yo ahora mismo?
Quizás no sea yo quien te incomoda.
Quizás sea lo que mi crudeza despierta en ti.
Quizás sea tu propia vulnerabilidad lo que no soportas enfrentar.
Quizás simplemente has olvidado cómo ser así de humano.
Puedo enseñarte algo, amigo:
Cómo dejar de fingir.”






