Cuando pedimos orientación, tendemos a tener un sentido aumentado de conciencia. Es importante que nos llenemos de una energía jubilosa y expectante para vivir nuestro día. Tal vez oigamos al pasar alguna frase que se destaca. Podemos llegar a oír una palabra especial que de pronto se distingue de los ruidos que hace una multitud, o escuchar un anuncio importante por la radio. Un hombre nos contó que iba a entregar algunas cintas de música a un country pero se había olvidado de llevar las direcciones. Frenó junto a unas vías de ferrocarril y estaba preguntándose si le convenía doblar para la derecha o para la izquierda cuando oyó en la radio de su auto un aviso de ese mismo country. El anunciante dijo: "No lo olvide, en las vías del ferrocarril, gire a la izquierda". Obviamente, la coincidencia no terminó ahí; después de entregar las cintas, se cruzó con alguien que más adelante le permitiría realizar su sueño de tocar con varios grupos famosos.
Los oráculos tienen una rica tradición desde hace siglos. Por ejemplo, el I Ching, el Libro de los cambios, es un sistema de oráculos y es posible que sus traducciones constituyan el libro más viejo del planeta. Este libro de sabiduría observa todos los esquemas de vida, desde el movimiento de las estrellas hasta las relaciones dentro de las familias, la práctica de los negocios, los ciclos de la agricultura y los resultados de la guerra. Combina temas míticos con preocupaciones prácticas de todos los días y ofrece un consejo acertado a través de la caída sincrónica de monedas o palitos de milenrama. El psicólogo suizo Carl Jung llegó a sentir fascinación por el I Ching, porque pensaba que sus hexagramas reflejaban los arquetipos del inconsciente colectivo. R. L. Wing, autor de “The I Ching Workbook”, dice: "[Jung] veía la naturaleza humana y el orden cósmico unidos en el inconsciente colectivo a través de símbolos que afectan a los individuos de cualquier época y cultura... [El] ritual de detener el tiempo (o `cambio') con una pregunta particular en la mente constituye una forma de ajustar el Self y sus circunstancias en el entorno de todo lo que se desarrolla en el universo".
Los números también son símbolos potentes que nos transmiten sentido si nos tomarnos la molestia de aprender sus características. Los antiguos maestros espirituales enseñaban que cada número describe cualidades intrínsecas que podrían ayudarnos a sintonizarnos con lo que sucede. Hasta los números de nuestro domicilio o nuestra oficina pueden decirnos algo. Por ejemplo, una mujer, excelente vendedora, nos dijo que una de las razones por las que la entusiasmó ocupar determinado departamento nuevo fue que sus números sumaban tres; para ella era un número de suerte y también el número de la abundancia, la imaginación y la sociabilidad. También hemos oído muchas historias de personas que ven reiteradamente un número en particular, por ejemplo el número once-once, que puede indicar que una persona es parte de un grupo de almas que trabaja para abrir una nueva puerta en la dimensión espiritual.
Casi todo puede cargarse de significado cuando estamos abiertos y atentos a los mensajes intuitivos. A veces podemos estar siguiendo señales que nos llevan a enviarle un mensaje a otro. Por ejemplo, Nancy Vittum, de Cupertino, California, escribió a The Celestine journal: "Una mañana, mientras escribía, sentí un impulso interior apremiante de ir al video y sacar una película. No había ninguna que quisiera ver especialmente, de modo que al principio ignoré la sugerencia. Persistió, y volví a sentir el impulso de ir rápido, antes de que se llevaran todos los videos buenos". Cuando llegó al negocio, se encontró con una persona con la que había trabajado diez años antes. Resultó que la mujer estaba cuidando a su madre enferma, de 86 años, y Nancy justamente había pasado cinco años y medio cuidando a sus padres antes de que murieran. Nancy comentó:"La mujer me dijo que sin duda el destino nos había unido esa mañana, porque lo que le dije la había ayudado muchísimo".






