viernes, 29 de mayo de 2026

Pensamientos de Marco Aurelio

De Alejandro el gramático: no criticar a nadie; no irritarse ni mirar con desprecio a los que no hablan con la propiedad debida; muy al contrario, enseñarles dulcemente manifestando con suavidad y sin reproche la palabra verdadera, envolviéndola en una respuesta discreta o entablando una discusión en común relativa al fondo de la cuestión, no sobre la forma, para herir menos, o por cualquier otro medio de su gestión directa no menos apropiado.

De Frontón: haber observado a qué grado de envidia, de disimulo y duplicidad llegaron los tiranos, y cómo, casi siempre, esas gentes que llamamos los «patricios» son incapaces de verdadero afecto para los demás.

De Alejandro el platónico: a no alegar con demasiada frecuencia ni sin necesidad, bien de palabra, bien por escrito, exceso de ocupaciones; a no eludir con demasiada persistencia los deberes que imponen las relaciones sociales pretextando estar abrumado por los trabajos.

De Cátulo: a no despreciar las quejas de los amigos ni aun siendo infundadas; por el contrario, a tratar de sacarles de su error y de afirmar nuevamente las relaciones cordiales; a no decir sino bien de quienes nos enseñan, como hacían Domicio y Atenodoro, que siempre que hablaban de sus maestros lo hacían con el mayor respeto. bueno; el haber conocido gracias a él a Tresa, Helvidio, Catón, Dión y Bruto; de haber adquirido también por él una noción clara de lo que es un Estado democrático, de un gobierno fundado sobre la igualdad y el común derecho de todos a exponer sus ideas; de un imperio en que sobre todas las cosas se respete la libertad de sus ciudadanos. De él aprendí también a rendir culto constante y sin desfallecimiento a la filosofía; la beneficencia y la libertad llevada al más alto grado; así como a no desconfiar del afecto que nos profesan los verdaderos amigos. Acostumbraba también a reprender a quienes tenía que hacerlo o a censurar a aquellos que a su juicio lo merecían con la mayor claridad y franqueza; de tal modo era sincero que jamás tenían sus amigos que perderse en conjeturas sobre lo que pensaba y sobre lo que quería, que una y otra cosa eran en todo momento en él cosa evidente.

De Máximo: el dominio de sí mismo y el no dejarse arrastrar por ninguna clase de impulsos, fueran cuales fuesen; el valor en todas las circunstancias, muy especialmente en el curso de las enfermedades; aquella dulce mezcla de dulzura y nobleza que daban tan grato sello a su carácter; aquel su ánimo generoso que le hacía cumplir sin esfuerzo cuantos trabajos se le deparaban; la confianza que sabía inspirar de que su pensamiento y su palabra eran una sola y única cosa y de que cuanto hacía era movido por la buena intención; el no asustarse ni asombrarse jamás; la falta de precipitación, de lentitud, de abatimiento, de temor, de cólera y de desconfianza; el prodigar el bien, la facilidad en el perdonar, la lealtad; el dar la idea siempre de un hombre justo y sincero, sin doblez; en fin, aquella su manera de ser que evidenciaba que a nadie miraba con menosprecio ni superioridad.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Pensamientos de Marco Aurelio

De Rústico: el haberme convencido de que era preciso controlar mi carácter y vigilarme muy atentamente; el no haber compuesto tratados retóricos y engañosos discursos destinados a convencer a los demás; el no haber intentado sorprender mediante falsa apariencia de actividad o de beneficencia; el haber renunciado a la retórica, a la poesía, al estilo refinado; el no usar la toga dentro de casa y toda otra vanidad semejante; a usar en mis epístolas el estilo sencillo del que me dio buen modelo en la carta que escribió desde Sinuesa (2) a mi madre; a estar siempre dispuesto con respecto a quienes me hubiesen faltado y me hubiesen tratado bruscamente, a reconciliarme con ellos y a ir a su encuentro a la menor indicación que hiciesen de arrepentimiento; a leer con el mayor detenimiento y a no contentarme con considerar las cosas de un modo insuficiente y sumario; a no dejarme convencer por esas gentes que hablan de continuo a tontas y a locas; en fin, haber podido leer, gracias a él, pues me los prestó de su biblioteca, los libros que nos conservan las lecciones de Epicteto.

(2) Ciudad de la Campania, luego integrada en el Lacio; famosa por las aguas termales de las inmediaciones. La Vía Apia pasaba por la población.

De Apolonio: la independencia; el decidirme a obrar sin vacilaciones y sin entregarme ciegamente en manos de la suerte; el no tener otro guía que la razón en todo instante; el ser siempre dueño de mí mismo, aun afligido por grandes dolores, por largas enfermedades o aun por la pérdida de un hijo; el haberme mostrado con su nobilísimo ejemplo que la mayor energía y la más grande dulzura de carácter pueden aliarse perfectamente; el haber aprendido a ser paciente como él lo era en todas su explicaciones; el haberme enseñado con su ejemplo vivo y sencillo, pues era hombre tan modesto que en muy poco tenía aquella habilidad y experiencia con que participaba a los demás sus doctrinas; en fin, el haberme enseñado, asimismo, cómo es preciso acoger lo que entre amigos suelen considerarse como favores, es decir, a no dejarme ganar fácilmente por ellos, ni tampoco a despreciarlos groseramente.

De Sexto: la benevolencia y el ejemplo de una familia patriarcal; la concepción de lo que es la vida según la Naturaleza enseña; la gravedad exenta de afectación; la verdadera solicitud, esa que continuamente acecha los deseos de los amigos para complacerlos; la tolerancia con los lerdos y con los que acostumbran a opinar sin haber reflexionado previamente; el arte de ponerse a tenor con todo el mundo, arte que él practicaba naturalmente, con tal perfección que, sin adulaciones ni bajezas, encantaba a cuantos le trataban, sin que por ello dejase de inspirarles el más profundo respeto; su habilidad en descubrir con absoluta precisión el mejor modo de ordenar aquellos principios por los que es preciso regular la vida; el no haber manifestado jamás cólera ni sombra de toda otra pasión indigna; muy por el contrario, evidenciar siempre un carácter tan tranquilo como afectuoso; en fin, su habilidad para hablar discretamente y para hacer gala, sin la menor pedantería, de sus vastos conocimientos.

sábado, 23 de mayo de 2026

Pensamientos de Marco Aurelio

Aprendí de mi abuelo Vero: su bondad y no enojarme con facilidad.

De la reputación y memoria dejada por mi padre: su pudor y carácter varonil.

De mi madre: su sentido religioso, su inclinación a dar cuanto tenía y abstenerse de cualquier acto de maldad, así como su vida sencilla, lejos de toda clase de lujos y vanidades.

De mi bisabuelo: no haber frecuentado las escuelas públicas; pero no haber desdeñado la presencia en su casa de los mejores maestros y haberlos remunerado como se merecían, sin reparar en gastos.

De mi preceptor: no tomar partido en quejas públicas; la resistencia y frugalidad; el cuidado de no encomendar a otro el trabajo propio, de no empezar cien asuntos a la vez y de no prestar oídos a los chismosos.

De Diógenes: la aversión a las futilidades; la incredulidad a las patrañas y mentiras sobre la manera de preservarse de los demonios y otras necedades parecidas; el no aficionarse a la crianza de codornices augurales ni otras manías semejantes; el soportar las opiniones de los demás cuando eran sinceras; el haberme familiarizado con la filosofía teniendo por maestros primero a Baquio y luego a Tandasio y a Marciano; el aprender a dialogar desde muy niño; el haberme habituado a cama humilde cubierta de piel y, en fin, a cuantas prácticas y disciplinas son propias de un verdadero filósofo griego.

jueves, 21 de mayo de 2026

E L ANTÍDOTO PARA LA ALEJACIÓN ESPIRITUAL - Jeff Foster

“Sí.

Estoy temblando.
Estoy sudando.
Tengo la boca seca.
Me siento terriblemente incómodo.

¿Y qué?
Sigo aquí.
Sigo de pie.
Sigo hablando.
Sigo bailando.
Sigo ocupando espacio.
Sigo plenamente presente.

Esto es valentía.
No debilidad.

Ah, ¿lo llamas debilidad?
Déjame preguntarte:

¿Detrás de qué máscara te escondes?
¿De qué huyes para no sentirte tan vivo como yo ahora mismo?

Quizás no sea yo quien te incomoda.
Quizás sea lo que mi crudeza despierta en ti.
Quizás sea tu propia vulnerabilidad lo que no soportas enfrentar.
Quizás simplemente has olvidado cómo ser así de humano.

Puedo enseñarte algo, amigo:

Cómo dejar de fingi
r.”

martes, 19 de mayo de 2026

Quienes pueden convivir con una profunda contradicción. - Jeff Foster


Quienes pueden sentir el dolor y no huir de él, quienes pueden dejar que el fuego y la ternura vivan en su interior, son quienes se mantienen humanos.

La compasión nace de la disposición a aceptar la paradoja.
La crueldad nace de la negativa a sentir.

viernes, 15 de mayo de 2026

EL PODER SANADOR DE LA VERGÜENZA. - Jeff Foster

Amigo, es hora de volver
a tu sagrada incomodidad.
A las mejillas sonrojadas y las palabras vacilantes.
A los chistes que no funcionan del todo.
A intentarlo y no acertar.
A tropezar con tus diálogos,
a trabarte con tus frases,
a sentir el calor y el temblor crecer,
a ser un desastre y sobrevivir a todo.
Porque sigues siendo tan adorable,
incluso en tus momentos más embarazosos.
Vuelve a tu humanidad.
A esta maravillosa y desordenada libertad
que eres.
La vergüenza no es un fracaso.
Es una señal de que estás vivo.
Significa que estás apareciendo,
dejándote ver, 
 
a encontrar tu lado más vulnerable.
 
Y cada vez que te ven,
y eres valiente en la luz,
y no mueres, y no huyes,
tu sistema nervioso aprende:
"Ahora estamos a salvo.
Somos desordenados,
somos imperfectos,
pero estamos condenadamente a salvo".
Así es como ocurre la sanación:
no a través del pensamiento,
no a través de respuestas espirituales perfectas
y viejas y rancias fórmulas para vivir,
sino a través de un profundo permiso somático.
Tu torpeza creativa y divina
te sanará
desde lo más profundo.
De verdad que sí.

¡Qué maravillosamente vergonzoso!

miércoles, 13 de mayo de 2026

AL OTRO LADO DE LA LYME. Jeff Foster

La enfermedad de Lyme fue un infierno particular: implacable, desorientadora y, a veces, aterradora. Pero algo inesperado ocurrió durante el incendio. No solo me recuperé, sino que me abrí a la vida de una forma inesperada.
Esa ruptura dio origen a algo completamente nuevo. Mi sistema nervioso no solo se volvió más sensible y tranquilo, sino que se fortaleció. Se expandió, creció, descansó y se abrió. Ahora siento más que nunca: dolor, duda, rabia, asombro, alegría y tanta maravilla. Todo me recorre como un temporal, vívido e indomable. Y ya no me aparto. He llegado a comprender, con mayor profundidad que nunca, que ese sentimiento no es algo a lo que temer; es la fuerza misma que nos da vida. Contiene un poder sanador asombroso.
Ahora hay una quietud en mi interior, una presencia arraigada que impregna cada instante. Me he vuelto a enamorar de la vida. Puedo afrontarlo con mayor plenitud: con los brazos abiertos, menos resistencia, más honestidad.
Quiero ser clara: no estoy idealizando la enfermedad. No hay nada poético en sufrir cuando estás en medio de ella. Hubo momentos de desesperación pura, de ser absorbida por la desesperanza. Días en los que no veía salida. En mi estado vulnerable, fui diagnosticada erróneamente, ignorada, incrédula, incluso manipulada muchas veces, como les he contado. Todo me llevó al límite de lo que podía tolerar como organismo.
Y, sin embargo, entre los escombros, finalmente descubrí algo inesperado: un poder extraordinario. La enfermedad me desgarró, sí, pero también creó espacio. Espacio para más vida, más fuego, más verdad. Espacio para la ternura, la humildad y la crudeza y exquisitez del ser humano.
Por eso, estoy profundamente agradecida.
Ahora puedo estar más presente para nuestra hermosa hija. Puedo honrar sus emociones: su alegría, su tristeza, su ira, su miedo y su asombro. Puedo reflejarle la santidad de su sensibilidad y recordarle, a veces sin decir una palabra, cuánta vida puede albergar. Puedo ser un espejo firme a medida que crece.
También puedo estar más presente con mi amada pareja. Puedo escuchar con mayor profundidad. Puedo dar con mayor libertad. Puedo recibir con mayor franqueza. Puedo entregarme más completamente al milagro de la intimidad y a la valentía que requiere amar y ser amado plenamente a cambio.
La enfermedad de Lyme fue un infierno. No lo niego. Pero a través de las grietas, emergió algo excepcional y precioso: no solo sanación física, sino una capacidad más profunda para vivir. Para amar. Para abrirme, sin límites. Para experimentar la maravilla de la creación.
A quienes me acompañaron y me apoyaron en esos días difíciles, les estaré eternamente agradecido. De verdad, fueron parte de la medicina.
A la garrapata que me picó: eras inocente, tenías hambre y solo intentabas sobrevivir. Y me has dado más de lo que jamás sabrás.

Gracias, vida.