Muchas personas aún no están en la edad evolutiva de darse cuenta que existen activadores. Ni siquiera se percatan del sin fin de sincronicidades que van en aumento en nuestra vida diaria y alrededor nuestro. Requerirán varias encarnaciones para percibirlo por sí mismos. Pero como los tiempos se han acelerado encontrándonos en medio del fin de un ciclo cósmico, hay fuerzas positivas poderosas contribuyendo en el despertar colectivo. Nosotros mismos podemos servir de detonador y activador de los demás. Usemos como ejemplo cómo en vuestra vida, los niños pequeños no suelen usar relojes despertadores en sus habitaciones, sino que son más bien sus padres los que se encargan de despertarlos por las mañanas para que se preparen para ir a la escuela, recordándoles su responsabilidad de asistir.
También es cierto que no todos reaccionan frente al
llamado de los activadores. Es como cuando suena el reloj despertador por la
mañana y hay quien a pesar de que lo escucha, no le hace caso, o quien lo apaga
y sigue durmiendo. Se da también la situación de quien con gran esfuerzo se
despierta y se vuelve a quedar dormido pero sentado en el borde de la cama. Por
otro lado, están los responsables, que suena el despertador y se levantan
inmediatamente; mientras que otros se despiertan antes que llegue a repiquetear,
porque para ellos el despertador es sólo una seguridad para no dejar de
responder comprometidamente.
El ser humano es como un actor que en cada encarnación
asume un personaje. Y al identificarse con éste, muchas veces corre el riesgo
de olvidarse que es un actor. Por ello la aventura humana es recordar que somos
actores realizando un papel, el cual es útil pero transitorio. El personaje
suele variar de una obra a otra, pero el actor siempre es el mismo. Y la idea
es representar lo mejor posible cada personaje para aprender y enseñar a través
de él.
Generalmente el “Maestro Interno” o “Real Ser” que es
el actor, procura comunicarse con nuestro “Ego Inferior o Personalidad” que es
el personaje, y lo suele hacer a través del lenguaje simbólico de los sueños.
Pero no sólo mediante los sueños, sino también a través de las visualizaciones
que permiten la aparición de símbolos, o mediante claves activadoras que se nos
presentan a lo largo de la existencia.
Cada número o clave tiene un valor secreto, aplicable
para el momento en que se nos aparece, al que podríamos acceder si combinamos
la intuición, la imaginación y la inteligencia. Y es a través de las
meditaciones que se nos irá revelando el profundo significado de éstas claves
activadoras.
Hablemos de las claves cuando estas se presentan como
números, para ello recordemos que una de las formas más antiguas de transmisión
de conocimiento oculto fue a través de los números en el antiguo Egipto.
El número 144,000 simboliza en las sagradas escrituras
el colectivo necesario para revertir el futuro planetario; es el número
necesario para afectar el inconciente colectivo de la humanidad y generar un
despertar de conciencias.
En la cifra 144,000 nos encontramos con el número 12,
que es el discipulado; el que aprende a ser maestro, y aprende a enseñar
aplicando la enseñanza. Y el mil que es símbolo de multitud. Por lo que el
número 144,000 que se menciona en el capítulo 7 del Apocalipsis hace referencia
a aquella multitud de discípulos que han lavado sus vestiduras (despertada
conciencia), y que se han auto elegido para despertar a otros.
Así que éste número 12x12x1000= 144,000, simboliza la
multitud de los necesarios para iniciar la reacción en cadena. Es pues el
simbolismo de la cantidad mínima necesaria que inicia el cambio mundial para
que millones reaccionen.
Es interesante que en las leyendas de los indios Hopi
del sur de los Estados Unidos, y del norte de México, ellos hablaban de la
necesidad de reunir a 144,000 “danzantes del Sol”, que se mantuvieran danzando
durante la terrible noche oscura de la humanidad (fin del ciclo), para asegurar
así el nacimiento del nuevo día.






