Un día, un emir sintió el deseo de ir al baño. Llamó
a su esclavo, que se llamaba Sungur, y le dijo:
"¡Prepara mi sábana, mi barreño y mi jabón!
¡Vamos al baño!" Sungur ejecutó sus órdenes y ambos tomaron el camino del
baño. Ahorabien, en este camino, había una pequeña mezquita. Cuando pasaba ante
ella, Sungur oyó la llamada a la oración. Dijo a su amo:
"¡Oh, amo! ¿Podríais esperar unos instantes
ante esos almacenes mientras hago mi oración?"
El emir aceptó y se puso a esperar... Esperó mucho
tiempo. Vio salir a los fieles y al imán, pero Sungur seguía en el interior.
Perdiendo la paciencia, el emir se puso a gritar:
"¡Oh, Sungur! ¿Por qué no sales?"
Desde el interior de la mezquita, Sungur le
respondió:
"Estoy retenido aquí. No pierdas la paciencia.
Ya voy. ¡Sobre todo no creas que olvido que me esperas!"
El emir reiteró siete veces su llamada y, cada vez,
Sungur respondía:
"¡No tengo permiso para ir junto a ti!" Al
fin, el emir le dijo:
"Pero no hay nadie en la mezquita. Tengo
curiosidad por saber lo que te
impide salir."
Sungur respondió:
"El que te encadena en el exterior me ha
encadenado en el interior. El que no te permite entrar me impide salir."
El océano no
deja escapar a los peces y, del mismo modo, la tierra no deja a su fauna
precipitarse al mar.
Un día, un emir sintió el deseo de ir al baño. Llamó
a su esclavo, que se llamaba Sungur, y le dijo:
"¡Prepara mi sábana, mi barreño y mi jabón!
¡Vamos al baño!" Sungur ejecutó sus órdenes y ambos tomaron el camino del
baño. Ahora bien, en este camino, había una pequeña mezquita. Cuando pasaba ante
ella, Sungur oyó la llamada a la oración. Dijo a su amo:
"¡Oh, amo! ¿Podríais esperar unos instantes
ante esos almacenes mientras hago mi oración?"
El emir aceptó y se puso a esperar... Esperó mucho
tiempo. Vio salir a los fieles y al imán, pero Sungur seguía en el interior.
Perdiendo la paciencia, el emir se puso a gritar:
"¡Oh, Sungur! ¿Por qué no sales?"
Desde el interior de la mezquita, Sungur le
respondió:
"Estoy retenido aquí. No pierdas la paciencia.
Ya voy. ¡Sobre todo no creas que olvido que me esperas!"
El emir reiteró siete veces su llamada y, cada vez,
Sungur respondía:
"¡No tengo permiso para ir junto a ti!" Al
fin, el emir le dijo:
"Pero no hay nadie en la mezquita. Tengo
curiosidad por saber lo que te impide salir."
Sungur respondió:
"El que te encadena en el exterior me ha
encadenado en el interior. El que no te permite entrar me impide salir."
El océano no
deja escapar a los peces y, del mismo modo, la tierra no deja a su fauna
precipitarse al mar.
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