martes, 12 de enero de 2021

LOS BEYES - Cuentos Sufís

 


Un día, los beyes, dominados por los celos, dijeron al sultán:

"Eyaz no es más inteligente o dotado que cualquiera de nosotros.

¿Cómo es que tus favores hacia él son tan grandes?"

Algún tiempo después, el sultán salió de caza, acompañado de sus treinta beyes. Llegados a una montaña desértica, vieron a lo lejos una caravana. El sultán dijo a uno de sus beyes:

"Ve a ver a esas gentes y pregúntales de dónde vienen."

El bey partió a toda prisa y volvió poco después para decir al sultán:

"¡Vienen de la ciudad de Rey!

-¿Y adónde van?" preguntó el sultán.

El bey no supo qué responder. Así que el sultán despachó a otro de sus beyes para que fuese a informarse. Cuando éste volvió, dijo:

"¡Van en dirección al Yemen!

-¿Cuál es la naturaleza de su carga?" preguntó el sultán.

El bey no pudo responder y el sultán envió a otro de sus beyes para que lo preguntase. Cuando volvió, dijo al sultán:

"¡Transportan tazones de barro cocido, fabricados en Rey!

-¿Y cuándo salieron de la ciudad?" inquirió el sultán.

Así, por turno, cada uno de los treinta beyes volvió ante el sultán con informaciones incompletas. Entonces el sultán les dijo:

"Un día, con el fin de probarlo, pedí a Eyaz que fuese al encuentro de una caravana para saber su procedencia. Y él, sin que yo hubiese tenido que hacerle treinta preguntas, ¡volvió con todas las respuestas que os han costado treinta idas y venidas!"

Los beyes dijeron al sultán:

"Una cosa así es un don de Dios y no puede adquirirse por el trabajo. El color y el perfume de la rosa son también dones de Dios. "

El sultán replicó:

"El hombre es responsable de sus pérdidas y de sus ganancias. Si no, ¿por qué habría pedido perdón Adán a Dios al reconocer su falta? Habría dicho simplemente: "Esto es mi destino. ¡Si he cometido un pecado, es que tú me has impulsado a ello!" Quien tiene los pies y las manos atados ¿podría pensar en lanzarse al océano o en salir volando? ¿Podría dudar entre un viaje a Mosul o a ¿Babel? ¡No invoquéis al destino para disculparos!"

No cargues a otro con tu propia falta. ¡Cuando comes demasiada miel, no es otro el que sufre convulsiones y cuando trabajas toda la jornada, no es otro el que cobra la paga por la noche!

domingo, 10 de enero de 2021

ROBADO - Cuentos Sufís


Un hombre llevaba su carnero por un camino, sujetándolo con una brida.

Unos ladrones, llegando por detrás, cortaron la brida y se llevaron el animal.

Cuando se dio cuenta de su desaparición, el hombre se puso a buscar por todos lados. Encontró a un hombre que se lamentaba al borde de un pozo.

"¿Qué te pasa? preguntó.

-Mi bolsa llena de oro acaba de caer al pozo. ¡Si consigues recuperarla, te daré una quinta parte de ella, es decir, veinte monedas de oro!"

El hombre dijo:

"Esta suma es exactamente el valor del carnero que he perdido. ¡He perdido un carnero, pero Dios me ofrece un camello!"

¡Se desnudó y bajó al pozo mientras que el otro huía llevándose sus vestidos!

El ladrón ávido aparece ante ti a cada instante bajo una nueva imagen.

viernes, 8 de enero de 2021

EL CAZADOR Y EL AVE - Cuentos Sufís


Un pájaro sobrevolaba un prado. Allí, un cazador, oculto en la hojarasca, había tendido una trampa con unas semillas como cebo. El pájaro se posó muy cerca y dijo al cazador sin verlo:

"¿Quién eres? ¿Qué haces, cubierto de hojas, en este prado lleno de animales salvajes?"

El cazador respondió:

"Soy un hombre piadoso que ha abandonado el mundo y se satisface con algunas plantas que lo rodean. La muerte de mis vecinos ha sido una lección para mí. He abandonado todos mis bienes. Puesto que en el último día estaré solo y estoy destinado a la tumba, he pensado que valía más consagrarme a buscar la cercanía del Dios único. Siempre han sido nuestros padres los cuatro elementos naturales, pero nosotros sentimos inclinación por los padres efímeros.

-Es un error retirarse a la soledad, dijo el pájaro. Es preferible tomar con paciencia los tormentos que os inflige la gente de mal carácter. ¡Hay que hacerse útil al prójimo, como una nube!

-¡Tu discurso no tiene sentido! dijo el cazador, pues la soledad vale más que una mala compañía. El que no piensa más que en su subsistencia no vale más que un cadáver y su compañía es la verdadera soledad."

El pájaro:

"Sólo puede haber combate si te cierran el camino. Y el valor se manifiesta cuando se cruza uno con sus enemigos."

El cazador respondió:

"Eso es verdad si se es bastante fuerte para evitar la maldad. ¡Si no, más vale retirarse!

-¡Te falta la fidelidad del corazón! dijo el pájaro. Si eres amable, tus amigos son numerosos. Si la oveja se aleja del rebaño, es una ocasión para el lobo.

Aunque te hayas resguardado del lobo, no te creas seguro si no estás rodeado de amigos. Si las paredes no estuvieran unidas unas a otras, ninguna casa tendría techo. Si la pluma no fuera amiga del papel, no se transmitiría palabra alguna."

Millares de secretos fueron intercambiados así entre el pájaro y el cazador.

Finalmente, el ave preguntó:

"¿De quién son estos granos de trigo? -Me los ha confiado un huérfano, dijo el cazador. Soy, en efecto, protector de los huérfanos.

-Estoy en un trance difícil, dijo el pájaro. Tengo tanto apetito que me comería un cadáver. ¡Oh, hombre virtuoso! ¡Permíteme comer algunas de esas semillas!

-¡Si las comieras sin necesidad, sería entonces un pecado! dijo el cazador.

Si realmente estás en un estado de necesidad suprema, entonces tienes que entregar una prenda."

El pájaro, lleno de deseo, se lanzó sobre las semillas y fue capturado al instante por la trampa. Ante su impotencia, se puso a llorar.

¡Oh, tú, que lloras! ¡Llora antes de tu muerte y no después!

El pájaro exclamó:

"¡Esta es la recompensa de los que se dejan seducir por los sortilegios de los ascetas!"

El cazador le replicó:

"¡No! Esto es más bien lo que sucede a los que se comen el pan de los huérfanos."

El pájaro se lamentó y sus lamentaciones hicieron temblar al cazador y su trampa.

"¡Oh, Amado! decía, mi corazón está roto por todas estas paradojas.

Acaríciame la cabeza. ¡Aunque sea indigno de ello, dígnate venir a preguntar por mi estado!"

martes, 5 de enero de 2021

LA MECHA - Cuentos Sufís


Un hombre oyó una noche que alguien andaba por su casa. Se levantó y, para tener luz, intentó sacar chispas del pedernal para encender su mechero.

Pero el ladrón causante del ruido vino a colocarse ante él y, cada vez que una chispa tocaba la mecha, la apagaba discretamente con el dedo. Y el hombre, creyendo que la mecha estaba mojada, no logró ver al ladrón.

También en tu corazón hay alguien que apaga el fuego, pero tú no lo ves.

domingo, 3 de enero de 2021

EL ESCLAVO ENGAÑADO - Cuentos Sufís


Un hombre poseía un esclavo indio. Lo había educado con mucho cuidado y había encendido en su corazón la luz del saber. Este hombre generoso había educado a este esclavo desde su más tierna infancia en las maneras más refinadas. Tenía también una hija, tan brillante en su belleza como una estrella.

Cuando esta última llegó a la edad de la madurez, muchos hombres vinieron a pedir su mano a su padre, ofreciendo, en compensación, su peso en oro. Pero el padre se decía:

"Todos los bienes que se me proponen son efímeros. Llegados hoy, pueden desaparecer esta misma noche. La belleza de los rostros tampoco es algo a tomar en consideración, pues el menor pinchazo de una espina la hará palidecer. La nobleza no es tampoco un buen criterio, pues muchos nobles son orgullosos y muchas veces su familia se avergüenza de ellos. En cuanto a los sabios, están lejos de ser perfectos. Tienen el saber, pero no el amor de la fe y sus ojos no ven más que la fama."

Así, tras mucha reflexión, confió a su hija a un hombre de fe amado del pueblo. Dos mujeres le dijeron:

"Este hombre no es ni rico ni noble. ¡Y ni siquiera es hermoso!"

Pero él replicó:

"Es un hombre piadoso y, en este bajo mundo, ¡eso vale más que todos los tesoros!"

La noticia de este matrimonio se extendió y ofrecieron regalos y tejidos preciosos. Ahora bien, en esta misma época, el esclavo indio cayó enfermo.

Empezó a adelgazar y a perder sus fuerzas. Los médicos no conseguían descubrir el secreto de su enfermedad y, sin embargo, la simple razón decía:

"Es del corazón de lo que está enfermo y no se cura el corazón con las pomadas del cuerpo."

El esclavo no podía, naturalmente, confesar la causa de su enfermedad.

Una noche, su amo dijo a su esposa:

"Pregúntale la razón de su estado. ¡Después de tantos años, eres como una madre para él y no hay duda de que te desvelará su secreto!"

Al día siguiente, la mujer fue a la cabecera del esclavo y, con mucha ternura, le acarició la cabeza como una madre afectuosa. Le hizo la pregunta y el esclavo respondió:

"Nunca había pensado que confiaríais vuestra hija a un extraño. ¿No es lamentable que la hija de mi amo sea confiada a otro, mientras que el fuego consume mi pecho?"

A estas palabras, la mujer sintió una gran cólera, pero logró contenerse.

"¿Cómo es posible se decía, que un bastardo indio pueda aspirar a la hija de su amo? ¡Y decir que confiábamos en él! No era muy digno de ello."

Cuando su esposa lo hubo informado de este estado de cosas, el amo de la casa dijo:

"Dile que tenga paciencia. Dile que ese matrimonio será anulado y que nosotros le confiaremos a nuestra hija. Yo me encargo de hacerle cambiar de opinión. No dudes en disipar sus temores. Excúsate ante él diciéndole que ignorábamos todo de su amor por nuestra hija y que, a buen seguro, la merece.

Así vivirá en un sueño agradable y los sueños agradables hacen engordar a los hombres. ¡Los animales engordan con paja y los hombres con honores!"

La mujer dijo:

"Será una gran vergüenza para mí decirle tal cosa, pues no sale mentira de mi boca. ¿Por qué esto? ¡Deja perecer a ese maldito!

-¡No! ¡No! replicó el esposo. Procúrale ese placer para que se cure. ¡Déjame el cuidado de sacar el amor de su corazón una vez que su cuerpo esté curado!"

Cuando la mujer hubo transmitido esas promesas al esclavo, éste sintió desbordarse su alegría y se puso a engordar de nuevo. Su cara recobró su color y dio gracias a Dios. Sí que se preguntaba de vez en cuando si todo aquello no ocultaba alguna trampa, pero su amo, para completar la escenografía, invitó a unos amigos para que vinieran a felicitar al esclavo y desearle buena suerte en su matrimonio. Fue suficiente para quitarle toda duda y hacer desaparecer los últimos síntomas de su enfermedad.

Ahora bien, para su noche de bodas, le tendieron una celada. Vistieron a un joven de mujer y lo adornaron con alheña. Este joven tenía apariencia de pollo, pero era en realidad un impetuoso gallo.

En el momento de la unión, apagaron las velas y el joven indio se encontró en el lecho con el joven, mientras que la multitud hacía redoblar el tambor en el exterior. El indio lanzó gritos y pidió socorro, pero el ruido de la fiesta ahogaba sus llamadas. Hasta el amanecer, el pobre esclavo fue como un saco de harina lacerado por un perro. Después, lo llevaron al baño, como se acostumbra con los recién casados. Se protegió vivamente con sus dos manos y exclamó:

"¡Que Dios proteja al que quiera desposarte, pues, durante el día, eres fresca como la más bella de las mujeres, pero, por la noche, tu miembro es como el de un asno!"

¡Eso es! Sucede eso con los bienes de este mundo. Son agradables desde lejos y siniestros de cerca. Como una recién casada, este mundo está lleno de remilgos, pero, de cerca, no es más que una vieja consumida. 

viernes, 1 de enero de 2021

ESTATURAS - Cuentos Sufís

 


Un día, alguien preguntó al predicador:

"¡Oh, tú, gloria de la predicación! Responde a esta pregunta: Si un ave se posa sobre la torre de una fortaleza, ¿estará su cabeza más alta que su cola?"

El predicador respondió:

"Si el ave está vuelta hacia la ciudad, sabe que su cabeza está más alta que su cola. Pero, si está vuelta hacia las afueras, entonces es lo contrario."

Si un halcón caza ratones, entonces es superado por un murciélago atraído por el sultán. La estatura de Adán no es mayor que la de un tonel y, sin embargo, sobrepasa los cielos.