viernes, 8 de enero de 2021

EL CAZADOR Y EL AVE - Cuentos Sufís


Un pájaro sobrevolaba un prado. Allí, un cazador, oculto en la hojarasca, había tendido una trampa con unas semillas como cebo. El pájaro se posó muy cerca y dijo al cazador sin verlo:

"¿Quién eres? ¿Qué haces, cubierto de hojas, en este prado lleno de animales salvajes?"

El cazador respondió:

"Soy un hombre piadoso que ha abandonado el mundo y se satisface con algunas plantas que lo rodean. La muerte de mis vecinos ha sido una lección para mí. He abandonado todos mis bienes. Puesto que en el último día estaré solo y estoy destinado a la tumba, he pensado que valía más consagrarme a buscar la cercanía del Dios único. Siempre han sido nuestros padres los cuatro elementos naturales, pero nosotros sentimos inclinación por los padres efímeros.

-Es un error retirarse a la soledad, dijo el pájaro. Es preferible tomar con paciencia los tormentos que os inflige la gente de mal carácter. ¡Hay que hacerse útil al prójimo, como una nube!

-¡Tu discurso no tiene sentido! dijo el cazador, pues la soledad vale más que una mala compañía. El que no piensa más que en su subsistencia no vale más que un cadáver y su compañía es la verdadera soledad."

El pájaro:

"Sólo puede haber combate si te cierran el camino. Y el valor se manifiesta cuando se cruza uno con sus enemigos."

El cazador respondió:

"Eso es verdad si se es bastante fuerte para evitar la maldad. ¡Si no, más vale retirarse!

-¡Te falta la fidelidad del corazón! dijo el pájaro. Si eres amable, tus amigos son numerosos. Si la oveja se aleja del rebaño, es una ocasión para el lobo.

Aunque te hayas resguardado del lobo, no te creas seguro si no estás rodeado de amigos. Si las paredes no estuvieran unidas unas a otras, ninguna casa tendría techo. Si la pluma no fuera amiga del papel, no se transmitiría palabra alguna."

Millares de secretos fueron intercambiados así entre el pájaro y el cazador.

Finalmente, el ave preguntó:

"¿De quién son estos granos de trigo? -Me los ha confiado un huérfano, dijo el cazador. Soy, en efecto, protector de los huérfanos.

-Estoy en un trance difícil, dijo el pájaro. Tengo tanto apetito que me comería un cadáver. ¡Oh, hombre virtuoso! ¡Permíteme comer algunas de esas semillas!

-¡Si las comieras sin necesidad, sería entonces un pecado! dijo el cazador.

Si realmente estás en un estado de necesidad suprema, entonces tienes que entregar una prenda."

El pájaro, lleno de deseo, se lanzó sobre las semillas y fue capturado al instante por la trampa. Ante su impotencia, se puso a llorar.

¡Oh, tú, que lloras! ¡Llora antes de tu muerte y no después!

El pájaro exclamó:

"¡Esta es la recompensa de los que se dejan seducir por los sortilegios de los ascetas!"

El cazador le replicó:

"¡No! Esto es más bien lo que sucede a los que se comen el pan de los huérfanos."

El pájaro se lamentó y sus lamentaciones hicieron temblar al cazador y su trampa.

"¡Oh, Amado! decía, mi corazón está roto por todas estas paradojas.

Acaríciame la cabeza. ¡Aunque sea indigno de ello, dígnate venir a preguntar por mi estado!"

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