La Inteligencia Universal
fluye a través de todo lo creado. Su Presencia y la existencia del ser humano no
es algo fortuito, casual ni de azar. Es ella la que le da vida y movimiento al sol, a
las estrellas, a los planetas, así como también es la que hace que sea de día o
de noche, que las semillas broten, las flores se abran, los barcos naveguen,
los pájaros canten, los niños sonrían. No se puede ver, pero es evidente que
está allí. Ante los ojos humanos, es invisible y sin embargo se mueve y cambia
constantemente de forma.
Los científicos le han colocado muchos
nombres, entre ellos: energía, cuantos de luz, átomos, electrones, fotones. Inexplicablemente, el
continuo movimiento de estas partículas, sus oscilaciones y los persistentes
cambios de posición es lo que le da vida y nombre a todo aquello que sí se
puede ver. De igual manera, en el ser humano también se
encuentra la totalidad del Universo. Esa energía es el Alma o la Conciencia
Individual.
El Alma, la Conciencia
Individual, la Humanidad Inherente o ese cúmulo energético que no se ve, ha ido
evolucionando desde la eternidad. Cada individuo, sus acciones, sus
pensamientos, sus palabras, sus sentimientos, sus emociones, son el reflejo del
desarrollo energético interno y del grado de perfección alcanzado. Esa energía
manifestada, no es más que el ordenamiento y reordenamiento de esas partículas
tan sutiles que conforman su esencia o
su Alma en evolución. Es decir, cada acción realizada por cada persona es una
manifestación de un patrón energético, en el cual ellas se reúnen y se definen
según sea el caso, durante períodos de tiempo imperceptibles al ojo humano.
Dicho movimiento
energético proyectado hacia el exterior es lo que determina la “calidad” de la
cualidad o del valor humano cuando se acciona humanamente. En el caso contrario, si la energía se encuentra
distorsionada o no ha alcanzado su perfección, entonces las cualidades proyectadas puede que
sean negativas y quizás inaceptables por
la mayoría. Y así sucesivamente, ellas tienden a reordenarse y redefinirse según las condiciones, el
tiempo, el lugar y las circunstancias.
Se unen y se separan interiormente, buscando nuevas combinaciones, en un
continuo, ordenado y equilibrado estado energético de cambio.
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