miércoles, 12 de agosto de 2015

Alma, Conciencia o Energías. (1)

La Inteligencia Universal fluye a través de todo lo creado. Su Presencia y la existencia del ser humano no es algo fortuito, casual ni de azar. Es ella la que le da vida y movimiento al sol, a las estrellas, a los planetas, así como también es la que hace que sea de día o de noche, que las semillas broten, las flores se abran, los barcos naveguen, los pájaros canten, los niños sonrían. No se puede ver, pero es evidente que está allí. Ante los ojos humanos, es invisible y sin embargo se mueve y cambia constantemente de forma.

 Los científicos le han colocado muchos nombres, entre ellos: energía, cuantos de luz, átomos, electrones, fotones. Inexplicablemente, el continuo movimiento de estas partículas, sus oscilaciones y los persistentes cambios de posición es lo que le da vida y nombre a todo aquello que sí se puede ver. De igual manera, en el ser humano también se encuentra la totalidad del Universo. Esa energía es el Alma o la Conciencia Individual.

El Alma, la Conciencia Individual, la Humanidad Inherente o ese cúmulo energético que no se ve, ha ido evolucionando desde la eternidad. Cada individuo, sus acciones, sus pensamientos, sus palabras, sus sentimientos, sus emociones, son el reflejo del desarrollo energético interno y del grado de perfección alcanzado. Esa energía manifestada, no es más que el ordenamiento y reordenamiento de esas partículas tan sutiles que  conforman su esencia o su Alma en evolución. Es decir, cada acción realizada por cada persona es una manifestación de un patrón energético, en el cual ellas se reúnen y se definen según sea el caso, durante períodos de tiempo imperceptibles al ojo humano.

Dicho movimiento energético proyectado hacia el exterior es lo que determina la “calidad” de la cualidad o del valor humano cuando se acciona humanamente. En  el caso contrario, si la energía se encuentra distorsionada o no ha alcanzado su perfección, entonces  las cualidades proyectadas puede que sean  negativas y quizás inaceptables por la mayoría. Y así sucesivamente, ellas tienden a reordenarse  y redefinirse según las condiciones, el tiempo, el lugar y las circunstancias.  Se unen y se separan interiormente, buscando nuevas combinaciones, en un continuo, ordenado y equilibrado estado energético de cambio.


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