El investigador Masarú
Emoto, ha podido captar en fotografías, estos movimientos en las partículas que
conforman el agua sometiéndola a diferentes sonidos, palabras, sentimientos,
cantos, oraciones.
Igual ocurre con la
energía sutil del ser humano. Cada pensamiento, cada palabra, cada acción, cada
reacción, cada sentimiento, cada emoción,…, es un nuevo movimiento energético
que se produce en su esencia o en su Alma. Individualmente, cada uno de estos
movimientos cuando se van perfeccionando es un patrón relativamente real, que
de acuerdo a su percepción, se le ha colocado un nombre, y en su conjunto, se
les conoce como virtudes, cualidades, dones o valores humanos.
Ese nombre individual
asignado: amor, paz, felicidad, igualdad, es una descripción temporal de esas
combinaciones energéticas, en la que cada una de ellas, es una con las demás,
en una íntima relación con el resto de lo que existe. Es esa la razón, por la
que las virtudes o los valores humanos, no pueden estar fuera del ser humano ni
pueden ser aprendidos ni enseñados y
menos adquiridos u obtenidos, ni conferidos, ni conseguidos, y por lo tanto, no
pueden nunca jamás perderse. Cada movimiento energético manifestado, tiene
cierto parecido con el otro, pero con una leve característica, que lo hace diferente. Esta cualidad de
semejanza del uno con el otro, los hace energética y particularmente
semejantes, pero a la vez, energética y particularmente diferentes en sus
manifestaciones. Cuando se activan y se manifiestan de manera equilibrada, se
van desarrollando, fortaleciendo, afianzando, consolidando y/o arraigando,
fortaleciéndose así la Humanidad Inherente. Pero cuando esta manifestación no
se realiza adecuadamente, esas partículas se van desarmonizando,
distorsionando, desvirtuándose y/o tergiversándose según el caso.
El reflejo del desarrollo
energético interno, junto al grado de perfección fortalecido, es lo que
finalmente define el carácter y el nivel de conciencia alcanzado por una
persona. Es esta la razón por la que cada uno de nosotros debemos participar
consciente y voluntariamente en nuestra transformación individual. Con esta
actitud, nuestras energías inherentes se expandirán lográndose también con
ello, una transformación colectiva.
Elizabeth Vârga Ramírez
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