domingo, 16 de agosto de 2015

Alma, Conciencia o Energías. (2)

El investigador Masarú Emoto, ha podido captar en fotografías, estos movimientos en las partículas que conforman el agua sometiéndola a diferentes sonidos, palabras, sentimientos, cantos, oraciones.
Igual ocurre con la energía sutil del ser humano. Cada pensamiento, cada palabra, cada acción, cada reacción, cada sentimiento, cada emoción,…, es un nuevo movimiento energético que se produce en su esencia o en su Alma. Individualmente, cada uno de estos movimientos cuando se van perfeccionando es un patrón relativamente real, que de acuerdo a su percepción, se le ha colocado un nombre, y en su conjunto, se les conoce como virtudes, cualidades, dones o valores humanos.

Ese nombre individual asignado: amor, paz, felicidad, igualdad, es una descripción temporal de esas combinaciones energéticas, en la que cada una de ellas, es una con las demás, en una íntima relación con el resto de lo que existe. Es esa la razón, por la que las virtudes o los valores humanos, no pueden estar fuera del ser humano ni pueden ser aprendidos ni  enseñados y menos adquiridos u obtenidos, ni conferidos, ni conseguidos, y por lo tanto, no pueden nunca jamás perderse. Cada movimiento energético manifestado, tiene cierto parecido con el otro, pero con una leve característica,  que lo hace diferente. Esta cualidad de semejanza del uno con el otro, los hace energética y particularmente semejantes, pero a la vez, energética y particularmente diferentes en sus manifestaciones. Cuando se activan y se manifiestan de manera equilibrada, se van desarrollando, fortaleciendo, afianzando, consolidando y/o arraigando, fortaleciéndose así la Humanidad Inherente. Pero cuando esta manifestación no se realiza adecuadamente, esas partículas se van desarmonizando, distorsionando, desvirtuándose y/o tergiversándose según el caso.

El reflejo del desarrollo energético interno, junto al grado de perfección fortalecido, es lo que finalmente define el carácter y el nivel de conciencia alcanzado por una persona. Es esta la razón por la que cada uno de nosotros debemos participar consciente y voluntariamente en nuestra transformación individual. Con esta actitud, nuestras energías inherentes se expandirán lográndose también con ello, una transformación colectiva.

Elizabeth Vârga Ramírez

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