Cuando
Sócrates se estaba muriendo se encontraba tan a gusto que sus discípulos casi
no lo podían creer, no podían comprender cómo podía sentirse tan feliz de
morir. Un discípulo, Credo, le preguntó, «¿Por qué parece que estás tan feliz?
Nosotros lloramos y estamos tristes». Sócrates le dijo, «¿Por qué no debería
estar feliz? He conocido lo que es la vida y ahora me gustaría conocer lo que
es la muerte. Estoy a las puertas de un gran misterio y estoy emocionado. Voy a
empezar un gran viaje por lo desconocido. ¡Simplemente estoy expectante! ¡No
puedo esperar!» Y recuerda, Sócrates no era un hombre religioso, Sócrates no
era en modo alguno un creyente.Alguien le preguntó, «¿Tienes la certeza de que el alma sobrevivirá a la muerte?» Sócrates le contestó, «No lo sé».
El decir, «No lo sé», requiere el mayor valor del mundo. Es muy difícil para un profesor de lengua el decir «No lo sé». Es difícil para los loros. Sócrates fue un hombre muy sincero y honesto. Él dijo, «No lo sé».
Entonces el discípulo le preguntó, «Entonces, ¿por qué te sientes tan feliz? Si el alma no sobrevive, entonces…» Sócrates dijo, «He de verlo. Si sobrevivo no tengo porque tener miedo. Si no sobrevivo, ¿cómo podré tener miedo? Sino sobrevivo, no sobrevivo así que, ¿dónde está el miedo? No hay nadie ahí, de modo que no puede haber miedo. Si sobrevivo, sobrevivo. No hay porqué tener miedo. Pero no sé exactamente qué es lo que va a suceder. Por eso estoy tan expectante y dispuesto a averiguarlo. No lo sé».........
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