Deja que te
cuente una anécdota.Harvey Firestone, Thomas A. Edison, John Burroughs y Henry Ford se detuvieron en una gasolinera en su camino hacia Florida para pasar el invierno.
«Queremos bombillas para los faros», dijo Ford, «Y, por cierto, éste que está sentado en el coche es Thomas Edison y yo soy Henry Ford».
El encargado de la gasolinera ni siquiera levantó la cabeza, tan sólo escupió un poco de tabaco con obvio desdén.
«Y», dijo Ford, «nos gustaría comprar un neumático nuevo si es que los tienes Firestone. Y ese otro del coche es Harvey Firestone en persona».
El encargado siguió sin decir nada. Mientras estaba montando el neumático en la rueda, John Burroughs, con su larga barba, sacó su cabeza fuera de la ventanilla y le dijo, «¿Cómo estás forastero?»
Por fin el viejo encargado volvió a la vida. Echó una mirada a Burroughs y le dijo, «Si me dices que eres Papá Noel, maldito seré si no te rompo la cabeza con esta llave inglesa».
No podía creer que en el mismo coche fueran Harvey Firestone, Thomas A. Edison, John Burroughs y Henry Ford. Todos ellos eran amigos y solían viajar juntos.
Cuando te digo que vosotros sois dioses y diosas, no te lo crees porque has olvidado por completo quién es el que está viajando en tu interior, quién es el que está sentado en tu interior, quién es el que me está escuchando; quién es el que me está mirando. Te has olvidado por completo. Te han suministrado unas etiquetas desde el exterior y has confiado en esas etiquetas, en tu nombre, en tu religión, en tu país. ¡Toda mentira! No importa si eres un hindú o un cristiano o un musulmán si no te conoces a ti mismo. Esas etiquetas no tienen valor alguno a parte de servir para algo específico. ¿Qué importa si eres un hindú, o un cristiano, o un musulmán, o un indio, o un americano, o un chino? ¿Cómo va a importar, cómo te va a ayudar a conocer tu propio ser? Todo esto es irrelevante porque el ser no es ni indio, ni chino, ni americano, y el ser no es ni hindú, ni musulmán, ni cristiano. El ser es sencillamente puro «ser».
Al puro «ser» es a lo que llamo Dios. Puedes comprender tu propia divinidad interior si has comprendido lo que es la vida. En caso contrario, es que todavía no has sido capaz de decodificar la vida. Este es el mensaje. La vida entera está señalando la misma cosa, continuamente: que vosotros sois dioses. Una vez lo has comprendido, entonces la muerte deja de existir. Entonces has aprendido la lección. Entonces, al morir, los dioses regresan a su hogar.
La vida entera… tan sólo un aprendizaje de cómo regresar a casa, de cómo morir, de cómo desaparecer. Porque en el instante en que desapareces, Dios aparece en ti. Tu presencia es la ausencia de Dios. Tu ausencia es la presencia de Dios.
Marco Herrera
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