viernes, 25 de febrero de 2022

Meditaciones - Marco Aurelio

Sé cómo un promontorio contra el cual vienen a estrellarse continuamente las olas del mar: siempre inmóvil, a su alrededor la furia se hace impotente. «Soy desdichado –dices– porque me ha ocurrido tal accidente». Di, pues, al contrario: «me considero feliz porque, a pesar de este accidente, no experimento el menor contratiempo ni estoy agobiado por el presente ni atemorizado por el porvenir». Lo mismo hubiera podido sucederle a otro cualquiera y quizá no hubiese mostrado semejante resignación. ¿Por qué ha de ser, entonces, una desgracia este accidente, más bien que un acontecimiento feliz? ¿Acaso llamas desgracia para el hombre a lo que no puede impedirle conseguir el fin que debe proponerse? ¿Crees, por ventura, que no puede obtenerlo debido a un acontecimiento que no se halla en contradicción con los propósitos de la Naturaleza acerca de su destino? ¿Y cuáles son estos propósitos? Sin duda, debes conocerlos. Lo que acaba de suceder, ¿te impide, quizá, el ser justo, magnánimo, sobrio, razonable, sereno en tus juicios, modesto, libre y tener, en fin, todas aquellas virtudes que permiten a la naturaleza del individuo conseguir su objetivo? Desde ahora en adelante, siempre que algún acontecimiento te cause pesadumbre ten presente esta máxima: «Sufrir percances no es una desgracia; en cambio, soportarlos con valor es una virtud meritoria».


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar y hacer más grande esta página.