Por la mañana, cuando tengas pereza de levantarte, reflexiona de este modo:–Tengo que trabajar y cumplir mi deber como hombre; por eso es preciso levantarme.
¿Acaso he de ir en contra de mi voluntad a las ocupaciones en este mundo y para las
cuales he sido creado? ¿He nacido, quizá, únicamente para permanecer envuelto entre
mantas al dulce calor del lecho? –Bien; pero esto es más agradable –dirás tú–. Pero ¿es
que has recibido el ser sólo para disfrutar de los placeres o para trabajar y hacer algo
útil? ¿No ves cómo las plantas, los pajarillos, las hormigas, las arañas, las abejas, se
entregan a sus tareas para contribuir por su parte a la perfecta armonía del mundo? ¡ Y
tú te niegas a cumplir tus deberes como hombre y eludes el trabajo que la Naturaleza te
prescribe! –Sí; pero es necesario también el descanso –dirás aún– . No cabe duda. La
Naturaleza ha puesto límites, sin embargo, a esta necesidad, como los ha puesto a la de
comer y beber. Pero tú traspasas estos límites y vas más allá de la necesidad; mientras
que en lo referente al trabajo obras de otro modo y no haces ni siquiera lo necesario. Y
es que no te aprecias a ti mismo, porque si supieras apreciarte harías con gusto lo que tu
naturaleza te ordena. Los artistas que tienen pasión por su arte, consagran toda su vida a
la obra y se privan de baños y alimentos. ¿Acaso haces tú tanto caso de tu naturaleza
como un cincelador de su industria, o un pantomimo de su juego, un avaro de su dinero,
o un petimetre de lo que halaga su vanidad? Cuando estos se interesan por algo no
piensan ni en comer ni en dormir, sino en llevar a buen término lo que traen entre
manos. ¿Y vas a dar tú menos importancia a los actos útiles a la comunidad y a
dedicarles menos cuidados?
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