Entonces podemos afirmar que todo es energía. Estamos hechos de átomos y moléculas. Somos energía pura.
El odio, la tristeza, la preocupación, la angustia, los celos, la envidia, la mentira, los crímenes o cualquier otra emoción negativa, tienen vibraciones lentas y pesadas.
Es por eso que debemos elevar nuestras vibraciones, transmutando toda esa negatividad en positivismo, y hermosas emociones como la felicidad, el amor, la paz y la serenidad.
Cuando nuestra vibración baja, ya sea por motivos internos o externos, la energía se vuelve “densa” y se manifiesta física ymentalmente como un agotamiento general, apatía y una mente dispersa.
Tener pensamientos negativos baja nuestra vibración y es así que atraemos más negatividad. Somos el resultado de nuestros pensamientos y responsables de lo que intercambiamos con el entorno.
Tenemos el poder de poner límites sobre nuestro espacio energético, sólo hay que usar las herramientas adecuadas.

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