Considera la rapidez del torrente que arrastra todo lo que existe y lo que nace; porque la naturaleza de las cosas se asemeja mucho a la corriente de un río inagotable: sus obras son solo transformaciones continuas cuyas causas son también resultado de mil variaciones; nada es duradero, por decirlo así, ni aun lo que parece muy seguro. Considera también el abismo inconmensurable del pasado y del porvenir, en el cual todo se desvanece y acaba. ¿Acaso no es una locura enorgullecerse, o bien ator mentarse o indignarse por semejantes cosas, como si hubieran de durar infinitamente?

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