sábado, 23 de mayo de 2026

Pensamientos de Marco Aurelio

Aprendí de mi abuelo Vero: su bondad y no enojarme con facilidad.

De la reputación y memoria dejada por mi padre: su pudor y carácter varonil.

De mi madre: su sentido religioso, su inclinación a dar cuanto tenía y abstenerse de cualquier acto de maldad, así como su vida sencilla, lejos de toda clase de lujos y vanidades.

De mi bisabuelo: no haber frecuentado las escuelas públicas; pero no haber desdeñado la presencia en su casa de los mejores maestros y haberlos remunerado como se merecían, sin reparar en gastos.

De mi preceptor: no tomar partido en quejas públicas; la resistencia y frugalidad; el cuidado de no encomendar a otro el trabajo propio, de no empezar cien asuntos a la vez y de no prestar oídos a los chismosos.

De Diógenes: la aversión a las futilidades; la incredulidad a las patrañas y mentiras sobre la manera de preservarse de los demonios y otras necedades parecidas; el no aficionarse a la crianza de codornices augurales ni otras manías semejantes; el soportar las opiniones de los demás cuando eran sinceras; el haberme familiarizado con la filosofía teniendo por maestros primero a Baquio y luego a Tandasio y a Marciano; el aprender a dialogar desde muy niño; el haberme habituado a cama humilde cubierta de piel y, en fin, a cuantas prácticas y disciplinas son propias de un verdadero filósofo griego.

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