viernes, 31 de mayo de 2019

NO ERES LOS PENSAMIENTOS


Si no te identificas con los pensamientos, las creencias, ideologías, teorías filosóficas., que no dejan de ser más que diferentes interpretaciones de la "realidad", adquieren un peso relativo, permiten una flexibilidad mental que te aleja de los determinismos.
Cuando dejas de identificarte con los pensamientos, el ego (que es una construcción mental) deja de dominarte. Es tan solo el papel que representas, y que sabes que no eres tú realmente. Eres solo un actor y te reconoces como tal.
Y detrás, oculto por las capas del ego, se encuentra un espacio (consciencia) de quietud, donde uno se reconoce como parte de una unidad que abarca la totalidad.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Sufrir es opcional


Buda dice que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. ¡No podría tener más razón! El dolor, simplemente, ocurre cuando vivimos ciertas experiencias; es algo totalmente normal que hace parte de ser humanos. Cuando alguien se enferma, se va a vivir a otro país o muere, son experiencias que pueden llegar a doler. Pero siempre podemos elegir, consciente y voluntariamente, si sufrimos o no, ya que este es producto del pensamiento.

Imagina a una persona que acaba de enterarse de que no fue invitada a la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos. Es normal que sienta un poco de tristeza y posiblemente desconcierto. Hasta aquí sería dolor.

El problema aparece cuando esta persona elige sufrir. Sus emociones se magnifican al ser alimentadas con pensamientos como: “no le importo” o “siempre me rechazan”. Generando enojo o tristeza, afectando la armonía de esa persona e, incluso, haciendo que asuma el rol de víctima.

Esa persona puede elegir no sufrir y disfrutar esta experiencia si a través de la comprensión alimenta emociones con pensamientos como: “quizás tenía un máximo de invitados” o “por algún motivo que no entiendo pero sí comprendo, no me invitó a la fiesta”. Cuando permites que tu mente de un significado de negatividad a la experiencia, inunda tu diálogo interno con pensamientos negativos y se convierte en una bola de nieve, haciéndote sufrir.

Para no sufrir, comprendamos por qué lo hacemos. Nos gusta controlar todo, porque a medida que crecemos aprendemos lo que está bien y debe ser o lo que está mal y no debe ser. Pero esto no lo definimos según nuestra voluntad y criterio. La sociedad lo dicta, instalando un programa mental sobre cómo debería ser la vida. Este siempre está activo inconscientemente. Cuando el mundo no se ciñe a nuestra voluntad, ese programa abre la puerta para un diálogo interno que alimenta el sufrimiento.

¿Te has puesto a pensar cómo es ese programa que tienes instalado inconscientemente? ¿Hay algún patrón que te lo haya mostrado? Generalmente, la sociedad impone una programación mental de cómo se debe desarrollar la vida. Terminas estudios universitarios, alrededor de los 22 años, ¿y después qué sigue? Exactamente eso que estás pensando: trabajas. ¿Y luego? Te casas, ¡adivinaste! ¿Y más adelante? ¿Tienes un hijo? ¿Después? ¿El segundo? ¿Te suena familiar?

¿Y si tu vida no se ha dado así? ¿Y si a los 30 años no te has casado? ¿Y si tu vida no es para que tengas hijos? No todos vinimos a ser papás. De manera que no podrás cumplir ese programa que te dicta la sociedad. Y si esta es tu programación, probablemente, también, darías un significado negativo a este hecho y podría empezar a correr por tu mente un diálogo interno negativo que cada vez se vuelva más grande.

¿Qué decides hacer hoy? ¿Vas a sufrir y permitir que lo negativo inunde tu mente? ¿Vas a elegir ser una víctima, basada en el sufrimiento? O, ¿vas a tomar, conscientemente, responsabilidad por tu vida y elegir la clase de pensamientos que te permitan disfrutar de todas tus vivencias? Usa todo el poder de tu mente para llenar tu diálogo interno de responsabilidad, bienestar y armonía.

lunes, 27 de mayo de 2019

¿POR QUÉ HAY QUE MEDITAR?... ¡Si el mundo ES como Tú lo ves! - Jairo Kalpa


Todo lo que vemos y percibimos como el mundo no son más que un producto de nuestras propias proyecciones. Todas las experiencias que sentimos y que vamos atravesando a lo largo de nuestra vida: perder o ganar, atracción o rechazo, placer o sufrimiento, alegría o tristeza, optimismo o negatividad, no son más que un producto de nuestra propia creación… Nadie más es responsable de ello, aunque pensemos lo contrario.

 Somos nosotros los que creamos nuestra alegría o tristeza, nuestra propia felicidad, nuestro propio sufrimiento y, por lo tanto, nuestro propio destino. Creamos nuestro propio cielo y nuestro propio infierno, pero sin embargo hacemos responsables a otros como a nuestra nación, al gobierno, a la mala suerte, a los padres, a la pareja, de todo lo negativo que nos ocurre en la vida.

Nos hacemos amigos de una persona y disfrutamos la alegría de esa amistad. En cambio, nos volvemos hostiles a otro y le rechazamos continuamente en nuestro interior. Y si aparece un tercero ante el cual nos sentimos indecisos y desconcertados, entonces le ponemos la etiqueta de “sospechoso”. Pero somos nosotros quienes hemos creado ese amigo, ese enemigo y ese sospechoso.

Por lo tanto, sólo hay una forma de salir de este círculo vicioso, y es cambiando nuestra forma de ver las cosas. Esta es la razón por la cual debemos meditar: para poder ver el mundo como realmente es.

Cuando la mente está en calma, todo está en calma. Si, por el contrario, la mente se encuentra llena de inquietud, el exterior también tomará el aspecto de un lugar caótico. El mundo es percibido de manera distinta por cada persona, de acuerdo con su condición mental; por eso, no existe un mundo ni dos, sino tantos como mentes existen.

Poner orden en el interior es pacificar el mundo. Y aunque la mayoría se afane en hacerlo al revés, sus esfuerzos están condenados al fracaso y a la frustración. Mientras la mente no se encuentre apaciguada, se seguirá viendo y produciendo caos en el exterior, ¡Y es por eso que nos creamos tantos falsos problemas! Lo que hay que hacer es poner orden y tranquilidad en el interior.  Y eso es lo que se consigue a través de la Meditación.

¿Qué es lo que nos impide ser lo que somos?
  El místico Osho, creador de las Meditaciones Activas decía: “Cierra los ojos unos momentos y comprueba cuanto tiempo puedes estar sentado disfrutando de las sensaciones de tu cuerpo y de los sonidos a tu alrededor.

 Observa como tu mente después de algunos minutos empieza a parlotear y tu cuerpo empieza a sentirse incómodo, tus pensamientos van y vienen, realizando diferentes e incoherentes conversaciones internamente contigo mismo, del pasado o del futuro, pero nunca del momento, por lo que resulta que nunca estás en el presente, en el aquí y ahora”.

En cambio, con la meditación, la mente se convierte en un instrumento útil, en vez de esclavizarnos con su constante charla. Cuando estás en un estado de meditación, te conviertes en un espectador, un observador de ti mismo mirando todo el tráfico de la mente con sus pensamientos que van y vienen: recuerdos, deseos, fantasías, temores, sueños… simplemente manteniéndose distanciado, sereno, presenciándolo sin ninguna identificación, ningún juicio o condena, de sí esto es bueno, de si esto es malo.

En meditación, nos hacemos conscientes de la Conciencia Absoluta, de nuestra naturaleza divina. Cuando a través de la práctica de la meditación empezamos a ver la luz que brilla en nuestro interior, el velo que oscurecía nuestra visión se rompe, y es entonces cuando podemos ver las cosas como realmente son. A medida que seguimos meditando, esa luz interior, la luz de la conciencia comienza a llenar nuestros ojos. Entonces empezamos a ver esa misma luz fuera, y es cuando nos damos cuenta de que todo el Universo no es más que esa luz, esa conciencia.

El propósito de la práctica de la meditación es que vuelvas a ser feliz, celebrativo, amoroso, que te permitas reír, bailar, besar, abrazar, expresar tu ternura y poder recibir caricias sin miedo. A eso se le denomina también felicidad, que no es otra cosa que ser total, estar conectado profundamente con la energía vital que fluye dentro de ti, sin ningún control de la mente. Y esa es la clave para la superación del sufrimiento, para la autorrealización personal… Mucha gente olvida que el dolor es inevitable, pero que el sufrimiento es opcional.

Namasté



sábado, 25 de mayo de 2019

FAMILIA, LUGAR DE PERDÓN ... - Papa Francisco.


No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma. El perdón es la asepsia del alma, la limpieza de la mente y la alforja del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente. Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte; El territorio de cura y no de enfermedad; El escenario de perdón y no la culpa. El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza; En la que el dolor causó la enfermedad.

jueves, 23 de mayo de 2019

Nuestro corazón humano está permanentemente inclinado al egoísmo. Es imposible que sólo con sus propias fuerzas logre dar el paso hacia una verdadera generosidad.


A veces sentimos que sería bello entregar la vida en el servicio, con un amor verdaderamente preocupado por los demás, capaz de darlo todo. Pero al mismo tiempo sentimos que no somos capaces, que de inmediato nos preocupamos por nuestras cosas, y los demás quedan para otro momento. Muchas veces nos engañamos creyendo que amamos, pero en realidad buscamos a las personas que puedan hacernos sentir bien. Eso no es más que otra forma de buscarse a sí mismo, y de tener a los demás al servicio de las propias necesidades.

Ya que es imposible cambiar eso con nuestras fuerzas, no nos queda más que pedirle cada día al Espíritu Santo que nos regale un corazón generoso.

Sin embargo, podemos cooperar con el Espíritu Santo, ya que él no nos cambia sin nosotros. Él debe derramar primero su amor y su gracia, pero ese amor no produce frutos, no crece, no termina de cambiar nuestro comportamiento, sin alguna cooperación de nuestra parte.

Además de suplicar, nosotros podemos cooperar de distintas maneras. Por ejemplo, tratando de motivarnos, para que se despierten más inquietudes en nuestro corazón y descubramos que es bello ser generosos. Entonces, podemos leer cosas que nos motiven a la generosidad, podemos escuchar canciones que nos ayuden a alimentar ese deseo, y evitar todo lo que alimente nuestro egoísmo. Otra manera de cooperar con el Espíritu Santo es hacer algunos intentos, aunque sea pequeño, de dedicar tiempo a los demás, de renunciar a algo por la felicidad de otro.

Esta cooperación nuestra, como respuesta a la gracia del Espíritu Santo, permitirá que un día logremos tomar una decisión firme y clara de darnos a los demás, de donarnos generosamente, de estar atentos a las necesidades de los demás para ayudarlos a ser felices. Esa decisión sincera será un cambio precioso en nuestra vida.

martes, 21 de mayo de 2019

"Ven Espíritu Santo, y enséñame a esperar".


Porque las cosas que deseo no llegan rápidamente, enséñame a esperar.
Porque no puedo pretender que los demás cambien de un día para el otro, enséñame a esperar.
Porque yo mismo voy cambiando muy lentamente, enséñame a esperar.
Porque la vida tiene sus estaciones y todo llega a su tiempo, enséñame a esperar.
Para que acepte que no estoy en el cielo sino en la tierra, enséñame a esperar.
Para que no le exija a este día lo que no me puede dar, enséñame a esperar.
Para que reconozca que el mundo no puede estar a mi servicio, enséñame a esperar.
Ven Espíritu Santo, y enséñame a aceptar que muchas cosas se posterguen, para que valore lo que la vida me propone ahora, aunque sea pequeño, aunque parezca poco.
Ven Espíritu Santo, enséñame a esperar.
Amén."

sábado, 18 de mayo de 2019

SE LLAMA CALMA - Dalai Lama


Se llama calma y me costó muchas tormentas.
Se llama calma y cuando desaparece.... salgo otra vez a su búsqueda Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.
Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.
Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.
Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.
Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.
Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.
Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.
Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.
Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.
Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…"