Todo
lo que vemos y percibimos como el mundo no son más que un producto de nuestras
propias proyecciones. Todas las experiencias que sentimos y que vamos atravesando
a lo largo de nuestra vida: perder o ganar, atracción o rechazo, placer o
sufrimiento, alegría o tristeza, optimismo o negatividad, no son más que un
producto de nuestra propia creación… Nadie más es responsable de ello, aunque
pensemos lo contrario.
Somos nosotros los que creamos nuestra alegría
o tristeza, nuestra propia felicidad, nuestro propio sufrimiento y, por lo
tanto, nuestro propio destino. Creamos nuestro propio cielo y nuestro propio
infierno, pero sin embargo hacemos responsables a otros como a nuestra nación,
al gobierno, a la mala suerte, a los padres, a la pareja, de todo lo negativo
que nos ocurre en la vida.
Nos
hacemos amigos de una persona y disfrutamos la alegría de esa amistad. En cambio,
nos volvemos hostiles a otro y le rechazamos continuamente en nuestro interior.
Y si aparece un tercero ante el cual nos sentimos indecisos y desconcertados,
entonces le ponemos la etiqueta de “sospechoso”. Pero somos nosotros quienes
hemos creado ese amigo, ese enemigo y ese sospechoso.
Por
lo tanto, sólo hay una forma de salir de este círculo vicioso, y es cambiando
nuestra forma de ver las cosas. Esta es la razón por la cual debemos meditar:
para poder ver el mundo como realmente es.
Cuando
la mente está en calma, todo está en calma. Si, por el contrario, la mente se
encuentra llena de inquietud, el exterior también tomará el aspecto de un lugar
caótico. El mundo es percibido de manera distinta por cada persona, de acuerdo
con su condición mental; por eso, no existe un mundo ni dos, sino tantos como
mentes existen.
Poner
orden en el interior es pacificar el mundo. Y aunque la mayoría se afane en
hacerlo al revés, sus esfuerzos están condenados al fracaso y a la frustración.
Mientras la mente no se encuentre apaciguada, se seguirá viendo y produciendo
caos en el exterior, ¡Y es por eso que nos creamos tantos falsos problemas! Lo
que hay que hacer es poner orden y tranquilidad en el interior. Y eso es lo que se consigue a través de la
Meditación.
¿Qué
es lo que nos impide ser lo que somos?
El místico Osho, creador de las Meditaciones
Activas decía: “Cierra los ojos unos momentos y comprueba cuanto tiempo puedes
estar sentado disfrutando de las sensaciones de tu cuerpo y de los sonidos a tu
alrededor.
Observa como tu mente después de algunos
minutos empieza a parlotear y tu cuerpo empieza a sentirse incómodo, tus
pensamientos van y vienen, realizando diferentes e incoherentes conversaciones
internamente contigo mismo, del pasado o del futuro, pero nunca del momento,
por lo que resulta que nunca estás en el presente, en el aquí y ahora”.
En
cambio, con la meditación, la mente se convierte en un instrumento útil, en vez
de esclavizarnos con su constante charla. Cuando estás en un estado de
meditación, te conviertes en un espectador, un observador de ti mismo mirando
todo el tráfico de la mente con sus pensamientos que van y vienen: recuerdos,
deseos, fantasías, temores, sueños… simplemente manteniéndose distanciado,
sereno, presenciándolo sin ninguna identificación, ningún juicio o condena, de
sí esto es bueno, de si esto es malo.
En
meditación, nos hacemos conscientes de la Conciencia Absoluta, de nuestra
naturaleza divina. Cuando a través de la práctica de la meditación empezamos a
ver la luz que brilla en nuestro interior, el velo que oscurecía nuestra visión
se rompe, y es entonces cuando podemos ver las cosas como realmente son. A
medida que seguimos meditando, esa luz interior, la luz de la conciencia
comienza a llenar nuestros ojos. Entonces empezamos a ver esa misma luz fuera,
y es cuando nos damos cuenta de que todo el Universo no es más que esa luz, esa
conciencia.
El
propósito de la práctica de la meditación es que vuelvas a ser feliz,
celebrativo, amoroso, que te permitas reír, bailar, besar, abrazar, expresar tu
ternura y poder recibir caricias sin miedo. A eso se le denomina también
felicidad, que no es otra cosa que ser total, estar conectado profundamente con
la energía vital que fluye dentro de ti, sin ningún control de la mente. Y esa
es la clave para la superación del sufrimiento, para la autorrealización
personal… Mucha gente olvida que el dolor es inevitable, pero que el
sufrimiento es opcional.
Namasté

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