El fin último de las cosas, más allá del cual no pueden ir, no
está limitado por reglas ni medidas; el espíritu en armonía (con el `Camino´)
es el principio de identidad donde todas las acciones permanecen en un estado
de quietud; las vacilaciones son apartadas totalmente y la fe justa es
restaurada en su rectitud original; nada queda retenido ni hay nada que se deba
recordar, todo es `vacío´, luminoso, y contiene en sí un principio de
`iluminación´.No hay trabajo, ni esfuerzo, ni pérdida de energía.
Hasta allí no alcanza el pensamiento, ni la imaginación puede evolucionar.
En el dominio más elevado de la verdadera esencia no hay ni «otro» ni «sí mismo».
Cuando se quiere dar una identificación directa, no podemos decir más que «no dos».
No siendo dos, todo es lo mismo, y todo lo que es, allí está comprendido.
En todas las partes de la tierra, los sabios comparten esta fe absoluta.
Esta fe absoluta está más allá del tiempo y del espacio, en ella un instante es diez mil años.
Poco importa, como estén condicionadas las cosas, sea por el “ser” o por el “no ser”.
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