Un día Medyun paseaba con su perro. Lo tomaba en brazos y lo
acariciaba como un enamorado acaricia a su amada. Un hombre que pasaba por allí
le dijo:
"¡Oh, Medyun! ¡Lo que haces es pura locura! ¿No sabes que la
boca de un perro es sucia?"
Y se puso a enumerar todos los defectos de los perros. Medyun le
dijo:
"¡No eres más que un idólatra de las formas! ¡Si vieses con
mis ojos, sabrías que este perro es el secreto de Dios y la morada de
Leila!"

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