En
el fondo de cada adicción está el intento de escapar de nosotros mismos, huir
de nuestro dolor, de nuestra inseguridad, de la ansiedad, la vergüenza, el
miedo, la culpa.
Para
estar en un lugar distinto al que estamos. Para estar fuera del Ahora.
La
meditación, entonces, disuelve la esencia de la adicción la adicción a ‘un
lugar distinto’ a ‘otro Ahora’ a ‘no aquí’. Al meditar, estamos… AQUÍ.
Nos
permitimos estar exactamente dónde estamos hoy, en este momento.
‘Bendecimos
el caos’ de nuestra imperfecta humanidad con una atención descubierta, desnuda
Aún si duele. Aún si hiere. Aún si arde. Permanecemos. Sólo permanecemos
Y…
¡También honramos esa parte nuestra que no quiere permanecer! Esa parte que
quiere huir. Esa que quiere estar a un millón de kilómetros de aquí.
Esa
parte que quiere alcohol, droga, cigarrillo, contacto, excitación, un próximo
vuelo.
¡Tampoco
nos avergonzamos de esa parte! La observamos y la reverenciamos.
¡También
ella es sagrada! Amigos, aún su no-aceptación.
Es
aceptable para la vida, No es fea, pecaminosa, no espiritual o errónea.
Aún
las tormentas más ‘violentas’ son bienvenidas aquí en la inmensidad del Cielo.
Y
tú eres el Cielo, eres el todo, aun cuando te sientas destroza doy quien verdaderamente
eres –la Presencia misma – no eres un adicto.
Vuélvete
adicto a la Presencia.
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