El
Sabio Rabí Shimón tenía un servidor llamado Tobías.
Un
día lo envió al mercado para que le trajese la mejor comida y Tobías
le trajo una lengua. Al día siguiente lo mandó de nuevo para que trajese lo
peor para comer y Tobías nuevamente le trajo una lengua.
Al
preguntarle el motivo de su conducta, Tobías le dijo que la lengua puede hablar
palabras muy sabias, pero también puede practicar maledicencia, como decía el
rey Salomón: “la vida y la muerte dependen de la lengua”. Rabí Shimón reconoció que había aprendido algo de su mucamo. Lo mismo sucedió con Rabí Yehúda, que
había invitado a varios sabios y cuando llegaron se enteraron de que el Rabí
todavía no había llegado. Cuando la mucama los invitó a pasar. Entonces
comenzaron a decirse: -Pase usted primero. -No faltaba más, pase usted y así
continuaron hasta que la mucama les aconsejó que fueran pasando según las edades,
del más viejo al más joven. Una vez adentro decían entre ellos:
-Bien
dice la gente que hasta la mucama del Rabino conoce las leyes
y puede
juzgar.

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