Mediún, separado de su amada, había caído enfermo y
el fuego de la nostalgia hacía hervir su sangre. Vino un médico para cuidarlo,
pero, cuando puso el dedo en el lugar de su dolor, el enamorado lanzó un grito:
"¡Déjame! ¡Si tengo que morir, tanto
peor!"
El médico replicó, asombrado:
"¡Tú que no temes al león y que estás cada
noche rodeado de animales salvajes, dominándolos con sólo la fuerza de tu amor!
¿Qué significa este miedo repentino?"
Mediún respondió:
"No tengo miedo de la enfermedad, pues soy más
paciente que la montaña.
Mi cuerpo está contento con la enfermedad. El pesar
es mi patrimonio y mi corazón está lleno de Leila. ¡Por eso temo que, al
hacerme una sangría, puedas herir a mi amada!"

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