Se
cuenta que nunca habló de cosas sin sentido, ni durmió una siesta en la Casa de
Estudios, a la cual llegaba el primero y salía el último.
Nunca
nadie lo vio callado, porque siempre estaba sentado estudiando.
Nadie
les abría la puerta a sus discípulos, él solo se paraba para hacerlo y nunca dijo
nada que no hubiese escuchado de su maestro
(Tratado
Ioma, 28)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.