No
hagas muchas cosas –dicen– si quieres vivir tranquilo. ¿No sería mejor decir: ¿haz
lo que es necesario, lo que la razón por naturaleza exige y como exige que sea
hecho? Este es el medio más seguro que podemos emplear para gozar de la
tranquilidad, y no solamente de la que nos pueda procurar el cumplimiento de
nuestros deberes, sino también de la que se disfruta haciendo pocas cosas a la
vez. En efecto; la mayor parte de nuestras palabras y de nuestras acciones son
inútiles; luego suprimiéndolas tendremos más tiempo libre y menos preocupaciones.
Es necesario, pues, repetirse a cada instante:
«Esto,
¿puede serme acaso de alguna utilidad?». Y no solo debemos evitarnos las acciones,
sino también los pensamientos que no son necesarios. De esta manera, las acciones
que ellos arrastran no llegarían a tener realidad.

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