¡Mi Dios, mi adorado, mi rey, mi deseo! ¿Qué lengua puede
expresar mis gracias a Ti? Yo era negligente, Tú me despertaste. Yo me había
alejado de Ti, Tú me ayudaste bondadosamente a volver hacia Ti. Yo era como un
muerto, Tú me vivificaste con el agua de vida. Yo estaba marchito, Tú me
reanimaste con la corriente celestial de tu Palabra que ha fluido de la pluma
del Todo Misericordioso.

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