El hijo
de Rabbi Shimon un día montaba un caballo cuando se encontró a un hombre que
era de apariencia no muy grata.
Estando
de ánimo frívolo, hablo al hombre y le dijo:
'Creo que
jamás había visto a un hombre más feo. La gente de tu ciudad es tan fea como tú'
El hombre al cual le hablo, evidentemente ofendido por el comentario,
sin embargo, paciente y sabio le contesto:
'En
verdad no soy tan bien perecido como usted,' dijo el, 'pero no es mi culpa y no
comprendo porque me lo pregunta a mí. Si va a degradarme y criticar, vaya con
mi Creador y critique la obra de Sus manos.'
'El
joven, quien había hablado a la ligera, más sin embargo de corazón amable,
desmonto el caballo y con gran respeto se inclinó ante el hombre que había
ofendido. 'Humildemente ruego su perdón,' dijo, 'y la muerte me golpee si
alguna vez vuelvo a mencionar palabras tan lastimosas y sin pensar.'
Elabora
el Talmud sobre el tema:
Sin
importar la grandeza de un hombre, sea en riqueza, en conocimiento o posición
social, debe ser humilde y listo a pedir perdón aun de la persona más malvada,
si es que le ha ofendido.

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