No es fácil confortar a aquellos que sufren. Cuando Rabí Iojanan, que había perdido diez hijos, encontraba a alguien que había sufrido una pérdida, le mostraba un pequeño diente de su hij o menor.
No decía Rabí Iojanan: ”-mi desgracia es peor que la tuya”, sino que quería significar que a pesar de su gran tragedia, no desesperó y continuó estudiando y enseñando Torá.

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