Cuando Rabí Yojanan ben Zakai, estaba cerca de morir, sus discípulos le
pidieron que los bendijera. El sabio les dijo:
-Que vuestro temor al Eterno sea tan grande como vuestro temor a los humanos.
Ante la extrañeza de sus discípulos, les explicó:
-Una persona a veces se abstiene de hacer algo impropio, porque tiene miedo de que alguien lo vea, pero el temor a que el Eterno lo vea, puede no ser suficiente para disuadirlo.

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