Afortunadamente he vivido mi infancia y mi juventud a
contacto con la Naturaleza.
Siempre he sentido esto como un gran regalo, pero sólo
he reconocido toda la preciosidad cuando he iniciado mi Camino de crecimiento.
Desde pequeña he amado mucho la Naturaleza y he
transcurrido tantos momentos en los prados, en los bosques, entre las flores, a
lo largo de un hermoso arroyo.
Sentía que la flor que miraba, el árbol sobre el cual
me apoyaba, el agua con la cual jugaba, estaban vivos, los sentía como
Criaturas, sentía que ellos conocían mi lenguaje y que ellos tenían su propio
lenguaje, aunque si no lo comprendía.
Sentía que entre ellos se hablaban que pertenecían a
un gran mundo maravilloso, un mundo de Amor, de armonía, de alegría.
Pasaba horas y horas a observar la labor incesante de
las hormigas, los movimientos de tantos insectos pequeños que se descubren
sentándose sobre un prado, hurgando entre la hierba.
Me embelesaba observar la forma, los colores de las
flores.
Si miras una flor, ves que es bonita, coges su
perfume, pero si la observas cuidadosamente entre los pétalos descubres que
cada flor es una obra de arte perfecta, una pintura llena de matices en
perfecta armonía. En aquel momento tienes la seguridad de que en alguna parte
debe existir un gran ‘Artista’, un gran ‘Pintor’.
Cuando sentía estas emociones, salía desde lo más
profundo de mi corazón una gran gratitud hacia ese ‘Artista’ maravilloso, ese
‘Pintor’ excepcional, que seguramente amaba su trabajo, sus pinturas.
Entonces dirigía la mirada al cielo y pensaba que ese
‘Artista’ debería de estar allí arriba, en el cielo infinito y le manifestaba
mi gratitud, mi alegría, mi Amor.
Miraba los árboles y en el tronco divisaba rasgos de
rostros humanos, rostros extraños, cómicos, y sentía que aquel árbol era como
una Criatura como yo, con todas las emociones que mi corazón sentía, con una
gran sensibilidad.
Estaba convencida que en su tronco existía un corazón
que latía.
Descubría que ofrecía refugio a las pequeñas Criaturas
que veía entrar en su tronco, que entre sus ramas había pequeños nidos donde
moraban los pajaritos que volaba a su alrededor.
Pensaba en el gran Amor que un árbol tiene, con el que
sustenta otras pequeñas plantas como la yedra que se apoya en él y puede
elevarse así hacia el cielo, vivir en la cima.
Cuando caminaba a lo largo del arroyo, podía divisar
un mundo de maravillas: cascadas, pequeñas o grandes tinas naturales dónde
sumergirse, bahías atractivas. Era diferente en cada apunto y en cada apunto me
donaba una belleza única, hecha de árboles entrelazados, flores y piedras.
Era demasiado bonito para que pudiera permanecer sólo
al margen.
Sentía que me llamaba… entonces me quitaba los
zapatos, metía los pies descalzos dentro del agua, sentía que el arroyo me
recibía y me acompañaba.
Trepaba el arroyo escalando entre las piedras,
agarrándome a sus orillas, aun cuando los canales fueran demasiado profundos,
continuaba con alegría, con el entusiasmo de quien está viviendo una aventura.
Y en efecto me sentía una pequeña exploradora, que
descubría todas aquellas cosas que sólo trepándome al arroyo se podían ver,
invisibles para quién miraba desde sus orillas o desde lo alto.
Luego me sentaba junto a él, le agradecía por haberme
recibido, acompañado, le agradecía por ser tan bonito, por tener tantas grutas,
tantos canales mágicos dónde me refugiaba y que, según yo, nadie conocía, eran
solo para mí.
Después de haberle manifestado mi gratitud, mi Amor,
mi entusiasmo, lo escuchaba, sentía que le hablaba a mi corazón y me sentía
feliz, aunque no comprendía qué cosas estaba susurrándome: era segura que me
comprendía y que me donaba su Amor.
Cuando veía pasar los pececillos, los llamaba,
extendía la mano en la esperanza que se detuvieran a charlar un poco conmigo.
Alguno rozaba mi mano y esto lo tomaba ya como un saludo, lo tomaba como un
regalo.
Un poco los envidiaba, porque podían entrar donde yo
no lograba, y quizá que maravillas existían en aquellos lugares. Penaba que
podrían existir quizá otras Criaturas que vivían bajo el agua, tal vez en
aquellas grutas estaban sus casitas, como pequeñas aldeas…
Con la misma convicción sentía que en los bosques
vivían Criaturas especiales.
Imaginaba que jugasen a las escondidas conmigo, porque
tenía la sensación que me estaban observando.
Seguramente me estaban sonriendo, porque yo no las
veía, mientras ellas podían verme…
Me gustaba mucho más pasar mi tiempo así, sola, en mi
mundo mágico, que jugar con los otros niños, que se burlaban de mi cuando les
contaba todas estas cosas.
Cuando iba a la escuela en las ciudades vecinas, me
hacían sentir diferente, porque habitaba en la colina, me hacían sentir
inferior y se burlaban de mí.
Esta situación por un cierto periodo me generaba una
sensación de malestar y en esos momentos yo también hubiese querido habitar en
la ciudad, para ser considerada como mis otros compañeros.
Pero cuando volvía a casa e iba a visitar a mi amigo
arroyo, transcurriendo allí mis domingos, comprendía la suerte que tenía de
poder ir descalza por mi arroyo, de poder acostarme en el prado, de correr, de
saludar a mis amigos los árboles, de vivir momentos hermosos en ese mundo
maravilloso.
De niña lloraba a hurtadillas cuando veía cortar la
hierba y las florecitas, sentía que sufrían y sabía que luego habrían muerto.
Sufría por la hierba y las florecitas que la gente pisaba…
Incluso hoy, naturalmente de manera diferente, siento
un poco de tristeza cuando veo cortar la hierba, las flores y desearía poder
caminar por los prados sin pisarlos…
En esa época pensaba que fantaseaba un poco mucho, que
era realmente un poco diferente, porque mis compañeras pensaban a otras cosas,
a otros juegos, a los chicos…
Los Ángeles me han confirmado que mi mundo mágico no
era la ilusión de una niña demasiado ingenua, sino que era una hermosa ‘Casa’,
una maravillosa ‘Familia’, una gran ‘Escuela’ donde aprender cómo vivir la
vida, cómo amar, cómo donar, cómo consagrarse.
Gracias Gran Luz por haberme regalado este mundo
maravilloso que esta la Naturaleza.
Gracias Ángeles por haberme ayudado a descubrirla como
una ‘Casa’, como una ‘Escuela’.
Gracias porque me acompañáis como una niña a jugar en
este mundo mágico, en este mundo de Amor.
Pregunta:
¿Cómo puedo sentir la Naturaleza?
Respuesta:
“Juega con el agua, juega con las hojas, juega con las
flores, juega con los árboles, hasta que tu corazón pueda alegrarse, el Alma
sentirse libre, respirando la transformación de aquellos lugares, donde todo es
nuevo siempre.
Porque donde existen los árboles, el agua corre, las
flores crecen, cada día es nuevo, porque existirá una nueva flor, porque no
existirá más la flor de ayer, y porque el agua, corriendo, será cambiada.
Y está allí la magia: todo parece igual, sin embargo,
todo continúa a cambiar.
Observando todo esto, descubriendo todo esto con el
corazón, no con los ojos, sino con el corazón, comprenderás la vida, de la vida
la esencia, comprenderás el Antiguo, el porqué de este viaje, sentirás la vida.
Despertarás en ti una sensibilidad nueva, una
sensibilidad nueva, una percepción nueva, una intuición nueva, pero que ya
existe dentro de ti.
Y descubrirás, sentirás, conocerás, sin más necesidad
de libros o palabras.
En estos lugares, juega con las flores, con las hojas,
con el agua, habla con los árboles, canta con los pajarillos, y luego deja
entrar todo en ti, abriéndote completamente, escuchando atentamente.
Y todo esto que vibra en estos lugares, todo esto que
de Antiguo vuelve a vibrar en estos lugares, vibrará dentro de ti, te ayudará a
una grande unión con el Antiguo, te empujará a lo nuevo, te ayudará a unirte a
Nosotros, porque allí es más fácil sentirnos.
Y Nosotros allí vibraremos intensamente, intensamente,
y Nos sentirás.
Muchos ‘Corazones’ están preparados a este contacto
con la Naturaleza, otros lo están menos, por su historia, pero siempre estos
lugares pueden ser de gran ayuda.
Y siente el perfume de las flores, pero también del
agua y del aire, porque incluso el agua y el aire tienen su perfume, y serán
los perfumes a hacerte recordar, a hacer que salgan desde las profundidades tus
bellezas.”
Pregunta:
¿Cómo puedo aprender de la Naturaleza?
Respuesta:
“Entre los arboles puedes descubrirte un árbol, como
un árbol transformarte, como un árbol andar por el mundo, cuando como un árbol
sabrás amar, como un árbol sabrás proteger, como un árbol sabrás recibir cada
viajero.
Vete al bosque y quédate allí, delante del mar quédate
allí, y de estos siente la fuerza, siente Nuestra fuerza, siente su Amor y
Nuestro Amor.
Vete serena y serás un árbol fuerte. No temas, dirige
tus ramas hacia el cielo y sonríe al cielo, así sentirás tu savia correr,
Nuestra savia.
Observa los árboles para aprender a recibir y donar.
Acompaña a los bosques a la niña que hay en ti y haz
que juegue con las hojas, haz que juegue con las flores, haz que hable con las
flores y Yo, como una Niña te acompañaré allá.
Mueve las hojas para descubrir lo que está naciendo
debajo de ellas, lo que está brotando y también descubrirás qué está brotando
en ti.
Haz que juegue así tu Niña, para que se alegre en el
descubrir, para que sienta en este juego las emociones que el descubrimiento
regala.
Y allí habla a tu Niña y como una Niña habla a las
flores.
Siente la alegría de este juego, la alegría de tener
una Niña que juega con las flores, que habla con las flores.
Te sentirás una mujer que puede enseñar a una Niña,
pero también que sabe jugar como una Niña.
Entonces te será todavía más fácil volver a ser Niña y
en la tierra hundir tus manos, entre la hierba llevar tu rostro, hasta que se
puedan despertar, con los perfumes de la hierba y de la tierra, recuerdos de
unión con la Tierra, con el Cielo.
Juega y haz jugar, acompaña a la Niña que existe
dentro de ti y por Mi déjate acompañar.
Sonríe y juega, con el agua, con las mariposas y con
el agua aprenderás a fluir en la vida, con las mariposas dejarás volar tu
corazón, tu Alma.
Y siéntete Niña, mariposa, siéntete flor, agua, ama a
la tierra, ama al cielo.
Estos juegos parecen simples, pero no todos con
facilidad en la tierra las manos hunden y el rostro entre la hierba llevan, no
todos con el agua y con las flores saben jugar.
Estos juegos te ayudarán a reencontrar la verdadera
simplicidad, te ayudarán a saborear nutrientes nuevos, fuentes nuevas de
alimentación, a convertirte como la tierra, como el árbol, como la flor, como
el agua, como el cielo, entonces te unirás al Cielo, al Universo.
Vete a los prados, a los bosques, a la orilla de un
arroyo o cerca del mar para aprender como en una gran escuela.
Muchas melodías alegrarán tu corazón, melodías y notas
nuevas, porque allí no sólo los pájaros sentirás cantar.
Para aprender y para alegrarse, vacía tu corazón,
tenlo libre de todo lo que no es Amor, no es Luz, no es alegría.”
Pregunta:
Siento que ir a los bosques me ayuda a afrontar lo
cotidiano.
Respuesta:
“Existen bosques que regeneran el corazón, nutren el
Alma, refuerzan el cuerpo, bosques que llevan a reconectarse con la Esencia, a
aprender el lenguaje del Alma.
Existen además los ‘bosques’ que encuentras en la vida
y estos son las situaciones difíciles, los acontecimientos dolorosos, los
obstáculos, las pruebas.
Gracias a los bosques que te refuerzan, que te nutren,
que te regeneran, que te ayudan a volverte una Niña especial que conoce el
lenguaje del Alma, encuentras la fuerza para atravesar los ‘bosques’ que la
vida lleva, ‘bosques’ dónde se pueden verter lágrimas, sentir temores, no ver
la Luz.
Ellos son grandes medios de crecimiento, de evolución,
de preparación. He aquí porque os empujamos a ir.
Podrás reforzarte abrazándote a un árbol que se está
despertando a la llamada de la primavera y podrás sentirte un árbol que se está
despertando a la grande primavera de tu vida.
Viviendo en medio de los bosques que la vida real
expresa y la esencia de la vida manifiestan, tendrás más fuerza para vivir tu
vida.”
Extracto del libro: Tu mano en la Mía Autora: Satya trabajadoresdelaluz.com.ar

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