sábado, 22 de marzo de 2025

El anillo encantado - Cuentos de la India y (3)

Entretanto, el hijo del mercader que había vuelto de caza quedó muy sorprendido y desesperado al ver que su casa y su mujer había desaparecido. Ante él se extendía el terreno tal como lo viera antes de comprobar el poder del anillo mágico que le regaló el Rey de las serpientes.

Loco de dolor el joven se sentó a la orilla del río, decidido a aguardar allí la llegada de la muerte. El gato y el perro, que al ver desaparecer la casa se habían ocultado, se acercaron a su dueño y le dijeron:

- Tu dolor es grande, nuestro amo, pero si nos das un mes de tiempo te prometemos remediar el mal y rescataremos tu mujer y tu casa.

- Perfectamente, aceptó el príncipe. - Id y devolvedme a mi mujer. Si lo hacéis, seguiré viviendo.

El gato y el perro partieron a toda velocidad en dirección del sitio en que suponían estaba la casa, y al cabo de unos días de viaje, llegaron al palacio del Rajá.

- Espérame aquí fuera -dijo el gato al perro, - que yo entraré a ver si encuentro a la princesa. Como soy mucho más pequeño que tú, podré pasar inadvertido.

El perro asintió y el gato saltó la alta tapia que rodeaba los jardines del palacio y en pocos momentos llegó junto a la princesa de los cabellos de oro, quien al verle lo abrazó llorosa y le contó lo que había ocurrido, preguntando al terminar:

- ¿No hay modo de huir de las manos de estas gentes?

- Sí, -contestó el gato. - Decidme dónde está el anillo y con él os sacará de aquí.

- El anillo lo guarda la hechicera en el estómago.

- Perfectamente, esta noche mismo lo recuperaré, y una vez en nuestro poder seremos los dueños de la situación.

Después de saludar a su ama con una cortés reverencia, el gato bajó a los sótanos del palacio y cuando, hubo descubierto un nido de ratones, se tumbó junto a él, fingiendo estar muerto.

Casualmente, aquella noche se celebraba el casamiento del hijo del rey de los ratones con la hija de la reina de las ratitas, y por aquel agujero debía salir la comitiva. Cuando el gato vio la procesión de ratitas y ratones, puso en práctica el plan que había formado, y cogiendo al príncipe de los ratones lo agarró fuertemente sin hacer caso de sus protestas.

- ¡Por favor, suéltame, suéltame! -chilló el aterrorizado ratón.

- Por favor, soltadle, señor Gato -suplicó la comitiva. - Hoy es su noche de bodas.

- Si queréis que lo suelte es necesario que hagáis algo por mi -contestó el gato.

- ¿Qué queréis que hagamos? -preguntaron los ratones.

- Deseo que me traigáis el anillo que la hechicera tiene en el estómago. Si me lo traéis dejaré ir al príncipe; de lo contrario lo mataré.

- Yo os lo traeré -dijo un ratón blanco, que parecía más listo que sus compañeros. -Conozco el cuarto de la hechicera y, además, la vi cuando se tragó el anillo.

El ratoncito blanco, corrió a la habitación de la maga, a la cual llegó por mil intrincados subterráneos, y después de asegurarse de que estaba dormida, saltó sobre la cama y metiendo la cola dentro de la boca de la anciana la hizo toser y expulsó el anillo, que rodó por el suelo, con alegre sonido.

Sin perder un segundo, el ratoncito galopó por los caminos subterráneos, hasta llegar al sitio donde aguardaba el gato, a quien entregó el anillo. El gato cumplió su promesa y dejó ir al príncipe de los ratones, que fue a reunirse con su novia, que le aguardaba sollozando junto con su madre.

El gato fue a reunirse con el perro y al llegar junto a él le dijo que ya tenía el anillo.

- Entonces -replicó el perro, - lo mejor será que te montes en mi lomo, pues yo corro mucho más que tú y así llegaremos antes al sitio donde nos espera nuestro amo.

Tres días corrió sin descansar el perro, y al fin, jadeando fuertemente, se dejó caer a los pies de su amo, a quien el gato entregó el anillo, cuyo mágico poder devolvió junto a su esposo a la princesa de los cabellos de oro.

El matrimonio fue muy feliz, y nunca más volvió a separarse. En su casa, los visitantes ven un gato y un perro muy viejos y casi ciegos, a los cuales los esposos tratan con mucho cariño. A veces también acude a la casa una enorme serpiente que lleva una corona de diamantes en la cabeza. Y en tales ocasiones, las risas de felicidad suenan muy fuertes y prolongadas.


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