Al príncipe le gustaba mucho jugar con Husain, el hijo del Visir, y se pasaban los dos las tardes en los jardines del Palacio, que estaban llenos de árboles y flores. Con sus cuchillos de oro, los dos niños mondaban los frutos y se los comían. También iban los dos a estudiar a las órdenes del profesor que el Rajá había tomado para su hijo.
Un día, cuando los dos muchachos se hubieron convertido en hombres, el príncipe dijo a su padre:
- Husain y yo quisiéramos ir de caza.
El soberano no opuso el menor inconveniente, y los dos jóvenes mandaron preparar sus caballos y arreos de caza. El lugar que escogieron para cazar fue la región de Falana, más no obstante pasar el día entero en ella, sólo encontraron chacales y pájaros pequeños.
El Rajá de la región de Falana, se llamaba Munsuk, y tenía una hija de peregrina belleza, la princesa Laili. Esta princesa recibió una noche la visita de un ángel que le envió Kuda con la orden de que debía casarse con el príncipe Maxnun. Al despertarse, la princesa contó a sus padres la visión del ángel, pero el Rajá no prestó atención.
Desde aquella noche, Laili no dejaba de pronunciar el nombre del esposo que Kuda le destinaba.
- Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun.
Hasta durante las comidas pronunciaba el nombre del Príncipe. Y a tal extremo llegó, que su padre, irritado, le preguntó un día.
- Pero ¿quién es ese Maxnun? ¿Quién ha oído hablar de él?
- Es el hombre con quien Kuda me ha ordenado que me case.
Pasaron los días y Maxnun y Husain llegaron a la región de Falana. La hermosa Laili, que había salido a respirar el puro aire del campo, y por casualidad encontróse detrás de los cazadores, iba murmurando como de costumbre:
- Quiero casarme con Maxnun; Maxnun, Maxnun. El príncipe oyó su nombre, y volviéndose preguntó:
- ¿Quién me llama?
Laili, le miró fijamente y al momento quedó locamente enamorada.
- Estoy segura de que ese es el príncipe Maxnun con quien tengo que casarme.
Sin esperar más, corrió a Palacio y le dijo a su padre que deseaba casarse con el príncipe Maxnun que había llegado al país.
- Muy bien -replicó el padre, - te casarás con él. Mañana le pediremos que acceda a ser tu esposo.
La princesa consintió en esperar, aunque estaba muy impaciente. Pero ocurrió que el príncipe y su amigo abandonaron aquella misma noche el reino de Falana, y cuando se enteró de ello la princesa, creyó enloquecer de dolor. Sin hacer caso de sus padres ni de sus servidores, corrió a la selva y se fue alejando, murmurando mientras caminaba:
- Maxnun, Maxnun; ¿dónde estáis?
Y así caminó durante doce años.
Al cabo de este tiempo encontró un faquir (en realidad era un ángel, pero la princesa lo ignoraba), que le preguntó:
- ¿Por qué vas diciendo "Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun"?
- Soy la hija del Rajá de Falana, y quiero encontrar al príncipe Maxnun.
Dime dónde está su reino.
- No creo que jamás consigas llegar allí -replicó el faquir. - Ese reino está muy lejos y tendrás que cruzar infinidad de ríos.
Laili replicó que no le importaba, que su único deseo era llegar junto al príncipe Maxnun.
- Está bien -replicó el faquir. Cuando llegues al río Bagirati encontrarais un enorme pez que se llamó Roú. Pídele que te lleve al país del príncipe Maxnun.
La princesa llegó al río Bagirati y vio en efecto un enorme pez que se llamaba Roú. En aquel momento estaba bostezando y, sin vacilar un momento, Laili se lanzó dentro del cuerpo del pez. Mientras hacía esto iba murmurando:
- Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun.

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