Regresaron, pues, junto a la trampa en donde el tigre esperaba el regreso del brahmán.
- Has tardado mucho -le reconvino. - Pero, en fin, te perdono. Disponte a servirme de cena.
- Dadme unos minutos -pidió el brahmán. - Quisiera explicar al chacal cómo ha ocurrido la cosa. Es un poco duro de cabeza y no me ha entendido bien.
El tigre consintió en ello y el brahmán empezó de nuevo la historia, sin omitir detalle alguno.
- ¡Qué cabeza la mía! -dijo el chacal, apretándose las sienes. - Repetid otra vez ese cuento. Vos estabais en la trampa, y en esto aparece el tigre...
- ¡Idiota! exclamó el tigre. - Yo era quien estaba dentro de la trampa.
- ¡Sí, sí, claro, ya comprendo! Yo estaba dentro de la trampa y... -el chacal se apretó de nuevo las sienes. - ¡No, no era yo! ¡No sé cómo tengo el
cerebro! El tigre había caído dentro del brahmán y llegó la jaula... ¡No, tampoco es esto!
- ¡Claro que no! -rugió el tigre, enfadado por la estupidez del chacal. - Te lo
voy a explicar gráficamente, con detalles. Yo soy el tigre, ¿me entiendes?
- Sí, señor tigre.
- Este es el brahmán.
- Sí, señor tigre,
- Yo estaba dentro de la trampa. Yo, ¿entiendes?
- Sí... No... no le entiendo mucho, ¿podría...?
- ¿Qué? -aulló impaciente el tigre.
- ¿Podría explicarme cómo cayó en la trampa?
- ¿Cómo? Pues como se cae en una trampa.
- No, no, así no nos entenderemos. La cabeza vuelve a darme vueltas.
¿Cuál es la manera de caer dentro de una trampa?
Al oír esto el tigre agotó la paciencia y saltando dentro de la trampa gritó:
- ¡Esta! ¿Has entendido ahora cómo es?
- Perfectamente -sonrió el chacal, y cerrando diestramente la puerta, añadió:
- Con vuestro permiso, señor tigre, os diré que ahora las cosas quedan como antes y podréis reflexionar acerca de la conveniencia de cumplir la palabra que se da.
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