Por ejemplo, un alma profundamente compasiva que desea llegar a conocer en profundidad la compasión puede elegir encarnarse en una familia disfuncional. Al ser tratada sin compasión, llegará a apreciar la compasión más profundamente. La ausencia de algo es lo que mejor nos enseña su valor y su significado. La falta de compasión en el mundo exterior la obligará a dirigirse al interior, donde recordará su propia compasión. El contraste entre la falta de compasión en el mundo físico y su compasión interna le proporcionará una comprensión más profunda de la compasión y, por tanto, de sí misma. Desde la perspectiva del alma, el dolor inherente a este proceso de aprendizaje es temporal y breve, pero la sabiduría que resulta del mismo es, literalmente, eterna. El aprendizaje a través de los opuestos está presente en cada
relato de este libro. Recordar quiénes somos realmente (almas majestuosas, trascendentes y eternas) es un modo de superar los desafíos de nuestra vida. Por ejemplo, una persona que se identifica con su cuerpo sentirá una enorme angustia si éste resulta gravemente dañado. Otra persona cuyo cuerpo soporte el mismo daño, pero que se identifique con el alma, experimentará un sufrimiento mucho menor. Ya que nuestras dificultades provocan que recordemos que somos almas, el mismo suceso que inicialmente nos causó sufrimiento puede, al final, aliviarlo. Cambiar el concepto de uno mismo, dejar de pensar que somos sólo nuestro cuerpo personalidad, y comenzar a creer que somos almas, quizá no reducirá el dolor, pero aliviará el sufrimiento. Ese despertar es el propósito y uno de los profundos beneficios de los desafíos de nuestra vida. El despertar revitaliza nuestra pasión por la vida, la misma que sentimos antes de reencarnamos. Es, sencillamente, un motivo de celebración.

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