Cuando amamos, hacemos que amar sea más sencillo para los demás, tanto para los que conocemos como para aquellos que nunca llegarán a saber de nosotros. Quienes somos es, por tanto, algo mucho más importante que cualquier cosa que vayamos a hacer nunca.
Cuando aceptamos un acontecimiento vital concreto, recibimos la energía curativa de aquellos que han hecho ese viaje antes. El sendero de luz está pavimentado con una compasión y un amor sanador que eleva la frecuencia de la persona que camina por él [tras nosotros].
Aprender y sanar por un acontecimiento vital concreto eleva el campo aúrico de aquellos que han sobrevivido a él. Otros, en su presencia, sabrán que tienen algo que los llena de esperanza y fe. La experiencia no tiene por qué ser la misma. La frecuencia sanadora puede empujar al alma hacia delante, pero el alma receptora debe estar preparada para hacerlo. Incluso si la forma física [del receptor] no cambia o "sana" según los estándares de la Tierra, el alma asciende.
El sufrimiento es un regalo de proporciones inmensas, tanto para el alma, como para los demás elegidos a los que se les permite ayudarle en su viaje de sanción. El lenguaje del sufrimiento es una frecuencia en sí misma. Está en los ojos, en los corazones y en la mente de los que están en ella. Es profundo y mundano al mismo tiempo. Míralo, créelo, e imparte amor y compasión a aquellos que los necesitan. Los pequeños actos de consciencia y amabilidad hacen que la sanación sea posible. Los pensamientos de belleza y gracia pueden ser proyectados y percibidos incluso a distancia por aquellos a los que pueden beneficiar.

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