martes, 2 de junio de 2026

Pensamientos de Marco Aurelio

De mi padre: la mansedumbre, pero también la firmeza inquebrantable ensus decisiones una vez adoptadas tras madura reflexión; la indiferencia a esa vanagloria, compañera engañosa de los no menos engañosos honores; el amor y la perseverancia en el trabajo; la atención con que escuchaba a cuantos eran capaces de hacer algo útil al bien público; el otorgar franca e inflexiblemente a cada uno lo que le era debido por sus méritos; la habilidad en el conocer cuándo era preciso sostener un esfuerzo y cuándo detenerse; el haber renunciado a los amores de los adolescentes; la sociabilidad; el dejar en la mayor libertad a sus amigos, no exigiéndoles que se sentasen en contra de su voluntad a su mesa ni que por obligación le acompañasen en sus viajes; por el contrario, estos siempre le encontraban el mismo cuando, obligados por la necesidad, habían tenido que separarse de él el tiempo que fuese; aquel minucioso cuidado que tomaba siempre en examinar por sí mismo los asuntos que tenía en Lanuvio (3); entre ellos, al recaudador de tributos de Túsculo, que solía pedírselo; y siempre obraba igual. Jamás se le vio airado, violento ni enfadado; jamás se empeñaba en trabajos sin calcular; al contrario, sus planes y propósitos estaban siempre tan bien pensados, tan sensata y acertadamente ordenados y dispuestos, tan perfectamente dirigidos que parecían más placer que obligaciones. Hubiera podido decirse de él, como de Sócrates, que sabía igualmente privarse del gozo de esos bienes, cuya falta hace a la mayor parte de los hombres caer en la tristeza y su disfrute en los excesos. Igualmente, su valor, su resistencia y su templanza en goces y privaciones –prueba palpable de su alma equilibrada e invencible– quedó bien patente durante la enfermedad que le ocasionó la muerte.

(3) Antigua ciudad del Lacio a unas 20 millas de Roma y a la derecha de la Vía Apia.

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