domingo, 18 de febrero de 2018

Cuento Sufí - Rumí

SHEIJ
Había una vez un sheij que era el hombre más ilustrado de la tierra. El pueblo lo consideraba como un profeta. Una mañana, su mujer le dijo:
"¡Tu corazón es tan duro como la roca! ¿Forma parte eso de las reglas de la sabiduría? Todos nuestros hijos han muerto y yo, a fuerza de llorar, me he encorvado como un arco. A ti, nadie te ha visto llorar nunca. ¿No hay lugar en tu corazón para la piedad? Nosotros estamos ligados a ti y te servimos día y noche, pero ¿qué podemos esperar de alguien que no conoce la piedad? ¿A qué llaman sheij? A un anciano de pelo y barba blancos. Sabe que el verdadero sheij no tiene ni siquiera asomo de existencia. El que no tiene pretensión alguna de existencia, sea su pelo negro o blanco, ¡ése es un sheij! ¡No olvides que Jesús
habló en su cuna!"
El sheij respondió:
"Te engañas si crees que no existe piedad ni ternura en mi corazón. Siento piedad por los infieles que se exponen al infierno con sus horribles blasfemias.
Cuando un perro me muerde, pido a Dios que le conceda un carácter más apacible, pues si mordiese a algún otro, correría el riesgo de ser lapidado."
La mujer replicó:
"Si realmente sientes esa ternura por el universo entero, ¿por qué no hay rastro de lágrimas en tus ojos cuando el destino nos ha quitado a nuestros hijos?"
El sheij respondió:
"Muertos o vivos, nunca desaparecerán de mi corazón. ¿Por qué habría de llorar si los veo sin cesar, ahí, ante nosotros? No se llora a alguien sino cuando uno está separado de él." Otro día, un hombre llamado Behlul preguntó a ese mismo sheij:
"Dime cómo estás. ¿En qué estado te encuentras?"
El respondió:
"Todos los viajeros soportan Su voluntad y los ríos fluyen en el sentido que Él les ordena. La vida y la muerte van adonde Él quiere. Algunos reciben mensajes de pésame y otras felicitaciones. ¡Nadie puede sonreír si Él no ha dado la orden!"
Behlul dijo entonces:
"Es verdad lo que dices y tienes cien mil veces razones. Pero explícame eso algo más claramente para que tanto el ignorante como el sabio puedan aprovechar tu sabiduría. ¡Prepáranos un festín de platos variados para que todos puedan comer lo que les conviene!"
El sheij:
"Todos saben que nada ni nadie puede hacer cosa alguna sin la voluntad de Dios. Ni siquiera la hoja del árbol. Y Sus órdenes son muy numerosas y nadie puede contarlas pues ¿quién podría contar las hojas de un árbol? Lo infinito no puede ser delimitado por las palabras. Los decretos de Dios encuentran aceptación entre Sus criaturas. Cuando la criatura se somete a la voluntad de Dios, la vida y la muerte le parecen iguales. Su vida no está volcada hacia el lucro, sino hacia Dios. Su muerte no es causada por las enfermedades o las pruebas, sino por Dios. Su fe no se dirige a las huríes y al paraíso, sino a Dios.
Renuncia a la blasfemia, no por temor al infierno, sino por temor de Dios. Eso está en su naturaleza. No es algo que haya adquirido por su esfuerzo o por la práctica del ascetismo. Ríe sólo cuando comprueba que Dios la ha aceptado. Para ella, el destino es una golosina. Si un servidor de Dios es de tal naturaleza, ¿por qué habría de decir: "¡Oh, Dios mío! ¡Cambia mi destino!"

Porque sabía que la muerte de sus hijos había sido querida por Dios es por lo que esta muerte le era tan dulce como los kadaifs (pastelería oriental).

jueves, 15 de febrero de 2018

Cuento Sufí - Rumí

LA MULA Y EL CAMELLO
Una mula dijo un día a un camello:
"¡Oh, amigo mío! Tú andas sin tropezar nunca. Tanto a la subida como a la bajada e incluso en lo llano, nunca te veo dar un mal paso. Entonces, ¿cómo es que yo tropiezo cada dos pasos y caigo a tierra? ¿No puedes enseñarme a caminar como tú?"
El camello respondió:
"Mi vista es mejor que la tuya y, además, mira mi estatura; incluso en un lugar escarpado, puedo distinguir en mi camino el obstáculo más lejano.
Reconozco así cada lugar en donde pongo mis pezuñas y por eso no tropiezo.
Pero tú, por el contrario, miras sólo muy cerca delante de ti."

¿Puede compararse a un ciego con el que tiene buena vista?

martes, 13 de febrero de 2018

Cuento Sufí - Rumí

EL DERVICHE DE LA MONTAÑA
Un derviche vivía en la montaña con su soledad por toda compañía. El lugar de su retiro estaba lleno de árboles frutales pero el derviche había prometido:
"¡Oh, Señor! ¡No tocaré los frutos de estos árboles antes de que el viento los
haga caer!"
Pero, como había olvidado decir: "¡Insh Allah!" fue duro para él respetar su promesa. El fuego del hambre devoraba su vientre, pero el viento no hacía caer fruta alguna. Las ramas se curvaban bajo su peso, pero el derviche tenía paciencia, preocupado por mantener su palabra.
En un momento dado, el viento empujó hacia él una rama cargada de los frutos más maduros. Así fue como el destino le hizo romper su juramento. Fue el instante en que Dios le dio un tirón de orejas.
Había, no lejos de allí, un grupo de ladrones que estaban repartiéndose su botín. Pero unos soldados, avisados por unos espías, les habían tendido una
emboscada y fueron todos capturados, ¡y nuestro derviche con ellos! Cortaron la mano derecha y el pie izquierdo de cada uno de ellos. Cuando llegó el turno al derviche, empezaron por cortarle la mano. Pero, en el momento en que iban a
cortarle el pie, un jinete exclamó:
"¿Qué estáis haciendo? ¡Este es un sheij! ¡Un íntimo de Dios! ¿Quién le ha cortado la mano?"
El verdugo, entristecido, se puso a desgarrarse las vestiduras mientras que
el bey venía a presentar sus excusas.
"Dios es testigo de que yo ignoraba esto. ¡Perdóname!"
El derviche respondió:
"Conozco la verdadera razón de esto. Con esta mano es con la que he roto mi juramento. ¡Que mi cuerpo y mi alma sean sacrificados a la voluntad de Dios!
¡Tú no tienes culpa alguna en esto!"
Así fue como el derviche perdió su mano, empujado por el deseo de su estómago. ¡Cuántos pájaros han dejado su vida en una trampa a causa de unas
semillas! Este derviche fue apodado "el derviche de la mano cortada".
Muchos años más tarde un hombre vino a hacerle una visita inesperada y se dio cuenta con estupor de que estaba tejiendo un cesto de mimbre con sus dos
manos. El derviche dijo a su visitante:
"¿Por qué has venido sin avisarme? ¿Cómo has cometido este error?"
Su visitante respondió:
"Mi amor por ti me ha hecho olvidar el respeto que se te debía."
El derviche le dijo sonriendo:
"¡Guarda hasta mi muerte el secreto de lo que has visto!"
Pero otras personas lo vieron por una ventana tejiendo sus cestos y su secreto quedó así descubierto. Al ver esto, el derviche exclamó:
"¡Oh, Dios mío! ¡Tú eres la sabiduría! Yo intento ocultar los beneficios de que me has colmado. ¡Pero tú los descubres a la luz del día!"
Por la voz de la inspiración, Dios le respondió:
"Había hombres que te tomaban por un mentiroso y creían que habías sido castigado por esta razón. Pero yo no he querido que tales blasfemias se repitiesen y por eso se han hecho manifiestos los favores que te he concedido."

viernes, 9 de febrero de 2018

Cuento Sufí - Rumí

LA BALANZA Y LA ESCOBA
Un día, un hombre fue a la joyería y dijo al joyero:
"Quisiera pesar este oro. Préstame tu balanza."
El joyero respondió:
"¡Lo siento de veras, pero no tengo pala!
- ¡No, no! dijo el hombre, ¡yo te pido tu balanza!"
El joyero:
"¡No hay escoba en este almacén!
- ¿Estás sordo? dijo el hombre. ¡Te pido una balanza!"
El joyero respondió:
"He oído muy bien. No estoy sordo. No creo que mis palabras estén desprovistas de sentido. Veo bien que careces de experiencia y que, al pesar tu oro, vas a dejar caer algunas partículas al suelo. Entonces me dirás: "¿Puedes prestarme una escoba para que pueda recuperar mi oro?" ¡Y cuando lo hayas barrido, me preguntarás si tengo una pala! Yo veo el fin desde el principio.

¡Recurre a algún otro!"

miércoles, 7 de febrero de 2018

Cuento Sufí - Rumí

EL MAESTRO DE ESCUELA
La ciencia posee dos alas, pero la intuición sólo tiene una. Cada vez que el ave de la duda intenta salir volando desde el nido de la esperanza, cae a tierra porque no tiene más que un ala: la de la intuición.
Había una vez un maestro de escuela que era muy exigente con sus alumnos. Estos se pusieron pronto a buscar una solución para librarse de él. Se
decían:
"¿Cómo nunca se pone enfermo? Eso nos daría ocasión de tener un poco de descanso. Nos liberaríamos así de esta prisión que es la escuela para nosotros."
Uno de los alumnos propuso su idea:
"Es necesario que uno de nosotros diga al maestro: "¡Oh, maestro! ¡Creo que su cara está muy pálida! ¡Sin duda tiene fiebre!" Seguro que estas palabras tendrán su efecto sobre él, aunque, de momento, no quedará convencido. Pero, cuando entre en la clase, diréis todos juntos: "¡Oh, maestro! ¿Qué pasa? ¿Qué le sucede?" Cuando un tercero, luego un cuarto, después un quinto le hayan repetido lo mismo con cara entristecida, no hay duda de que quedará
convencido."
A la mañana siguiente, todos los alumnos se pusieron a esperar a su maestro para que cayese en la trampa. El que había propuesto la idea fue el primero en saludarlo y en anunciarle la mala noticia. El maestro le dijo:
"¡No digas insensateces! No estoy enfermo. ¡Vuelve a tu sitio!"
Pero el polvo de la duda se había infiltrado en su corazón. Cuando todos los niños, unos tras otros, se pusieron a repetirle lo mismo, empezó a creer que estaba realmente enfermo.
Cuando un hombre camina sobre un muro elevado, pierde el equilibrio apenas la duda se apodera de él.
El maestro decidió entonces meterse en la cama. Sintió un gran rencor hacia su mujer, porque se decía:
"¿Cómo es que ni siquiera ha notado el color de mi cara? Parece que ya no se interesa por mí. Acaso espera casarse con otro..."
Lleno de cólera, abrió la puerta de su casa. Su mujer, sorprendida, le dijo:
"¿Qué pasa? ¿Por qué vuelves tan pronto?"
El maestro de escuela replicó:
"¿Te has vuelto ciega? ¿No ves la palidez de mi cara? ¡Todo el mundo se inquieta, pero a ti, eso te deja indiferente! Compartes mi techo, pero apenas te preocupas por mí."
La mujer le dijo:
"¡Oh dueño mío! Son imaginaciones. ¡Tú no estás enfermo!
- ¡Oh, mujer vulgar! se enfureció el maestro, si estás ciega, seguro que no es culpa mía. Estoy desde luego enfermo y el dolor me tortura.
-Si quieres, le dijo su mujer, te traeré un espejo. Verás así qué cara tienes y si merezco ser tratada así.
- ¡Vete al diablo con tu espejo! Ve mejor a preparar mi cama, pues creo que
me sentiré mejor si me acuesto."
La mujer fue entonces a preparar su cama, pero se dijo:
"Aparenta estar enfermo para alejarme de la casa. Todo eso no es más que
un pretexto."
Una vez en cama, el maestro se puso a lamentarse. Entonces el alumno que había tenido esta astuta idea dijo a los demás:
"Su casa no está lejos. Recitemos nuestras lecciones con la voz lo más alta posible y ese ruido no hará sino aumentar sus tormentos."
Al cabo de un rato, el maestro ya no pudo contenerse y fue a decir a sus
alumnos:
"Me dais dolor de cabeza. Os autorizo a volver a vuestras casas."
Así, los niños le desearon un rápido restablecimiento y tomaron el camino de regreso a sus casas, como pájaros en busca de semillas. Cuando las madres
vieron que los niños jugaban en la calle a la hora de la escuela, les reprendieron severamente. Pero los niños respondieron:
"No es culpa nuestra. Es la voluntad de Dios que nuestro maestro haya
caído enfermo."
Las madres dijeron entonces:
"Veremos mañana si decís la verdad. Pero ¡pobres de vosotros si es una mentira!"
Al día siguiente, las madres de los escolares fueron a visitar al maestro y comprobaron que estaba gravemente enfermo. Le dijeron:
"¡No sabíamos que estuviese usted enfermo!"
El maestro replicó:

"Yo tampoco lo sabía. ¡Fueron vuestros hijos los que me informaron de ello!"

lunes, 5 de febrero de 2018

Pensamientos del corazón - Louise L. Hay - "AFIRMACIONES - Debemos tomar conciencia de qué es lo que creemos."

Las respuestas que hay dentro de mí me llegan fácilmente a la conciencia

Si haces tus afirmaciones delante de un espejo, ten siempre a mano papel y lápiz, de modo que puedas tomar nota de los mensajes negativos que te vengan a la mente mientras las dices. No es que tengas que trabajar en ese mismo momento con ello. Puedes sentarte más tarde a revisar tu lista de respuestas negativas, si las tienes, y empezar a entender por qué no consigue o que dices querer. Si no tomas conciencia de tus mensajes negativos, es muy difícil que los modifiques.

jueves, 1 de febrero de 2018

Pensamientos del corazón - Louise L. Hay - "AFIRMACIONES - Las afirmaciones proporcionan a tu subconsciente algo sobre lo cual trabajar en el momento."

Estoy abierta y receptiva

Cuando hacemos afirmaciones creamos lo bueno en nuestra vida, pero si alguna parte de nosotros mismos no cree que seamos dignos de ello, nuestras afirmaciones no se harán realidad Entonces seguramente diremos: «Las afirmaciones no funcionan», pero eso no es cierto. Si no conseguimos lo que queremos es porque no creemos que nos lo merecemos.