martes, 31 de diciembre de 2019

Cuento Sufí - EL FILO DE LA ESPADA


Cuando Mohammed Alp Ulug Harezmshah hubo tomado por asalto la ciudad de Sebsvar, los ciudadanos imploraron su piedad:
"¡Oh, sha! Somos tus servidores. Perdónanos la vida y pagaremos el tributo que exijas. ¡Perdónanos la vida, aunque no sea más que por unos días!"
El sultán les respondió:
"Hay entre vosotros un hombre llamado Abu Bekr. Mientras no me lo hayáis traído, vuestra vida sólo penderá de un hilo. Si fracasáis, ¡os pasaré a todos a cuchillo!"
Un hombre trajo entonces una bolsa de oro y dijo:
"¡No nos pidas tal cosa pues, en nuestra ciudad, no existe nadie con ese nombre! ¡Es como si buscases polvo en el fondo de un río!"
Sin dirigir la menor mirada a la bolsa de oro, el sultán dijo:
"¡Oh, adoradores del fuego! No esperéis salvación si no me traéis a ese Abu Bekr. ¡No creáis que me contentaré, como un niño, con bolsas de oro y de plata!"
Los habitantes de Sebsvar se pusieron, pues, a registrar hasta los menores rincones de la ciudad, con la esperanza de encontrar a aquel hombre. Después de tres días y tres noches de búsquedas, acabaron por encontrar a un hombre llamado Abu Bekr. Era endeble y flaco y vivía, enfermo y afligido, en medio de los escombros.
"¡Ven aprisa! le dijeron los ciudadanos, ¡el sultán te reclama! Sólo tú puedes salvar nuestra ciudad del degüello.
-Si tuviera fuerza para caminar, replicó el hombre, habría abandonado este lugar desde hace muchísimo tiempo. ¡No me habría quedado entre mis enemigos y habría ganado lo más aprisa posible el país del amigo!"
Entonces, colocaron a Abu Bekr en un féretro y lo llevaron al sultán.
Este universo es como la ciudad de Sebsvar. Muchos hombres de Dios están extraviados en él y Dios, como el sultán de Harezmshah, pide al pueblo un corazón puro. El profeta dijo: "Dios no mira vuestra apariencia. No busquéis más que la pureza del corazón." Sólo los hombres de corazón merecen Sus miradas.
Tú te has creído un hombre de corazón y te has vuelto orgulloso. Así es como te has salido del camino de los hombres de corazón.
Tú dices al sultán: "¡He aquí un corazón puro! ¡Es lo mejor que puede encontrarse en la ciudad de Sebsvar!"
Te responderán: "¡Esto no es un cementerio! ¿Por qué me traes un cadáver?
¿No existe un corazón puro junto al cual se refugien los ciudadanos?"
No olvides que los corazones puros están disimulados en este universo, pues la luz es lo contrario de la oscuridad.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Cuento Sufí - TRAMPAS


El gallo representa el deseo y el ídolo de la carne. Se ha embriagado con un vino envenenado.
Si Adán no hubiera tenido el cuidado de asegurar su descendencia, habría permanecido casto por vergüenza del deseo.
Satanás pidió a Dios: "¡Necesito una trampa poderosa para perseguir al pueblo!"
Dios le mostró el oro, la plata y los caballos y dijo: "¡Puedes atraer al pueblo con todo eso!
¡Es bastante tentador! reconoció Satanás, pero yo busco algo mucho más poderoso."
Mostrándole todas sus minas, Dios dijo: "¡Oh, maldito! ¡Aquí tienes otras trampas!
- ¡Oh, protector! ¡Eso es insuficiente!, respondió Satanás.
Entonces Dios le mostró montones de vituallas, golosinas y vestiduras de seda.
"¡Oh, Señor mío, imploró Satanás, ¡ten piedad de mí! Eso solo no me
bastará para encadenar a los hombres y distinguir a los que aman de los hipócritas. ¡Necesito un cebo más sutil!"
Dios propuso además la bebida y la música. Satanás se mostró admirado, pero quedó insatisfecho. Pero, cuando Dios le mostró la trampa de la belleza femenina, se puso a danzar de alegría y exultó:
"¡Es exactamente lo que necesitaba!"
Cuando hubo visto aquellos ojos lánguidos capaces de hacer perder la razón a cualquiera, aquellas mejillas que inflamarían el corazón de los enamorados, aquellos lunares, aquellos labios de ágata, aquel reflejo de luz de vanidad tras un velo tan fino, aquellas maneras, aquellos caprichos, aquellos juegos, entonces Satanás quedó por fin satisfecho.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Cuento Sufí - LA CUERDA AL CUELLO


Un hombre pretendió un día ser un profeta superior a todos los demás. Le pusieron una cuerda al cuello y lo llevaron ante el sultán. Curioso por conocer el origen de aquella aberración, la multitud se reunió como un hormiguero.
"Si la pobreza es un signo de profecía, decía la gente, entonces todos somos profetas. Todos somos semejantes y todos hemos venido igualmente del otro mundo. ¿Qué hay de extraordinario en eso?
-Hay una cosa que vosotros ignoráis, respondió el hombre. Vosotros habéis venido a la tierra por decisión del destino, pero habéis viajado en la ignorancia, como un niño que duerme, inconsciente de las etapas. Habéis atravesado muchas comarcas en la embriaguez o en el sueño. Nada habéis sabido del camino de lo alto y del camino de lo bajo. Nosotros hemos recorrido el universo con nuestros cinco sentidos y en las seis direcciones, despiertos y alegres. Hemos
visto el origen y la finalidad, porque nuestros guías conocían bien el camino."
El pueblo pidió al sultán que torturase a aquel hombre para dar ejemplo, pero el sultán notó que el hombre era tan delgado que un simple papirotazo lo
habría matado. Su cuerpo era casi transparente.
El sultán se dijo entonces que más valía probar con la dulzura pues un lenguaje tierno hace salir a la serpiente de su guarida.
Hicieron salir al pueblo y el sultán, lleno de paciencia y de dulzura, le preguntó de dónde venía y se informó sobre sus condiciones de vida.
"¡Oh, sultán! respondió el hombre, mi casa es el país de la salvación y mi dirección es el país de la reprobación. No tengo ni morada ni amigos. ¿Cómo podría un pez vivir en tierra?
Para provocarlo, el sultán le preguntó:
"¿Cuál es tu plato preferido?" Después: "¿Qué has bebido para estar así ebrio por la mañana?
¡Si tuviera pan, replicó el hombre, no pretendería ser un profeta!"
Profetizar ante tal sultán es como esperar que una montaña muestre corazón. Lo único que puede hacer una montaña es devolver las palabras que se le dirigen. Al hacer eso, se burla. De nada sirve hablar de vida a un cadáver. Pero habla de oro o de mujeres y todos te seguirán sin preocuparse siquiera de su propia existencia. Diles: "Una hermosa mujer está enamorada de ti. ¡Ve! Te espera." Correrán enseguida en la dirección que les indiques.
Pero, si hablas el lenguaje de la verdad y dices: "¡En este efímero universo preparémonos para el universo de la verdad! ¿Qué importa lo efímero puesto que es posible la eternidad?" Sabe entonces que querrán matarte ¡y no creas que hacen eso para proteger su religión!
El sultán preguntó:
"¿Qué es la revelación? ¿Qué beneficio saca de sus actividades un profeta?
-Todo lo que dice un profeta termina por suceder, respondió el hombre. ¿Puede existir un reino que no desee unirse a él? ¡La revelación de un profeta, sin hablar siquiera de mí, es como la inspiración en el corazón de una abeja! La revelación que Dios hizo a la abeja ha llenado su morada de miel. ¡Por su revelación, Dios ha llenado de miel el universo! Y, como el hombre posee la luz
del corazón, su revelación no podría valer menos que la de una abeja."

martes, 24 de diciembre de 2019

UNA AUSENCIA MUY PRESENTE - Jeff Foster (2)


Cuando hablamos de no-dualidad solemos recurrir a metáforas y paradojas, porque las palabras, que fragmentan y dividen, se quedan muy cortas cuando apuntan a algo vivo y total. Ése es, en suma, un empeño tan imposible y condenado al fracaso como tratar de coger agua con una red.
Son muchas las paradojas y contradicciones que el lector descubrirá a lo largo de estas líneas. Pero la mente que se empeña en comprender intelectualmente todas estas palabras acaba completamente confundida. Ese desesperado empeño se deriva de la creencia de que, cuando comprenda, podrá poseer y, cuando posea, podrá controlar.
La mente quiere controlarlo todo. ¡Ha pasado los últimos millones de años controlándolo todo y no parece dispuesta a renunciar tan fácilmente a ello!
No trates de entender estas líneas. Ábrete tan sólo a la posibilidad de que la iluminación aparezca. Sumérgete sencillamente en las palabras. Zambúllete en su presencia. Si algunos de los conceptos presentados aquí te parecen difíciles será porque lo son. No en vano desafían cualquier idea que tengas sobre la espiritualidad, sobre la vida, sobre el mundo y sobre ti mismo. No es de extrañar que sientas que algunas de estas palabras amenazan tu sensación de identidad, la idea que tienes de ti y de la verdad.
Ábrete a esta otra posibilidad. Pero debes saber que, quien ha escrito estas líneas, es el mismo que lo está leyendo. Debes saber que, si hay algo en este texto que te parezca difícil, cruel o poco cuidadoso, no era ésa mi intención. En modo alguno he pretendido provocarte o molestarte. Lo único que quiero es compartir contigo la posibilidad de un amor absoluto e incondicional.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Felicitación de Navidad 2019



https://youtu.be/Fq5zUJd_ilM

UNA AUSENCIA MUY PRESENTE - Jeff Foster (1)


Las palabras son simples olas en la superficie del inmenso Océano del Ser.
Las palabras interpretan, cantan y bailan su canción, para acabar sumergiéndose en la expansión infinita de la vitalidad.
Lee estas palabras y déjalas pasar.
Las palabras sólo pueden indicar. Son indicadores. Meras señales.
Las palabras no pueden rozar ni capturar la Vida. Quizás, sólo quizás, puedan apuntar hacia ella.
Quizás, sólo quizás, las palabras puedan transmitir algún que otro indicio del sabor o la fragancia de la vida.
Las palabras de los libros….
Apuntan a la Vida tal y como se despliega, a la evidente y simple presencia de todo, a las imágenes, olores y sonidos presentes, a la vitalidad que se halla detrás de todo, que todo lo mueve, que todo lo trasciende y que lo es todo.
Y, más allá incluso de eso:
A la ausencia de toda persona separada y sólida, a la inmensa abertura que, sin estar separada de nada, todo lo sostiene.
A la extraordinaria ausencia que, ocupando el centro mismo de la vida, acaba revelándose como la presencia más perfecta.
Ésta es la aparente paradoja que yace en el núcleo mismo de la creación:
Ausencia es presencia.
Vacuidad es forma.
La conciencia no está separada de sus contenidos.
Pero ¿qué es lo que queda cuando presencia y ausencia chocan e explosionan?
¿Qué es lo que queda cuando vacuidad y forma se funden y desaparecen?
¿Qué es lo que queda cuando el que ve se colapsa en lo visto y cuando sujeto y objeto se enamoran, enloquecen y se desvanecen en la nada?
¿Qué es lo que queda cuando todos los conceptos del mundo se revelan como meros conceptos, qué es lo que queda cuando los pensamientos recuperan su ritmo natural y la búsqueda improductiva de “la mente del mono”
llega a su fin?
¿Qué es lo que resplandece más allá del despertar, más allá de la iluminación, más allá de lo real y de lo irreal, más allá de la existencia y de la no-existencia, más allá de lo que es y de lo que no es,
más allá del yo y de no-yo, más allá de la dualidad y de la no-dualidad, más allá de la vida y de la muerte, más allá de todos los más allá?
¿Qué fue lo que te dio la vida?
¿Qué fue lo que hace ya eones, te sacó de ti para que pudieras conocerte, tocarte, degustarte, sentirte y verte?
¿Qué es lo que te sostiene, te ama y te abraza como una madre abraza a su bebé recién nacido?
¿Qué es lo que, desde el mismo comienzo, ha estado llamándote, para que volvieras a ti mismo?
Esto.
Sólo esto.
Siempre esto.
Continuamente esto.
Ahora voy a pedirte respetuosamente que olvides todo lo que sabes, todo lo que has aprendido, todo lo que has leído sobre el despertar espiritual, la no-dualidad, el advaita, la Unidad y la iluminación, y consideres una nueva posibilidad, la posibilidad de liberarte ahora mismo, en medio de esta vida aparentemente ordinaria. Considera, pues, la posibilidad de liberarte, ahora mismo, estés donde estés.
Y ahora comencemos de nuevo.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

UNA AUSENCIA MUY PRESENTE - Jeff Foster (3)

Yo no soy ningún maestro. Yo no tengo nada de lo que tú carezcas. Yo no soy, en modo alguno, especial. Eso es todo lo que quiero decir.
Si tuviera que dar un nombre a lo que estamos haciendo, diría que estamos departiendo amablemente. Estamos charlando, abierta y amablemente, de algo que sabemos muy bien, de algo que conocemos íntimamente. En realidad, no podría decirte, sobre esto, nada que tú ya no supieras.
De hecho, siempre lo has sabido. Yo sólo te lo recuerdo.
Hay quienes hablan del reconocimiento o de la resonancia que experimentan cuando leen o escuchan palabras que brotan de la Claridad. Esa resonancia está más allá de nuestro intelecto y de nuestra comprensión, y trasciende por completo nuestra mente
pensante. De esa resonancia, precisamente, quiero hablar en este libro.
Siempre es posible que, en medio de esa resonancia, resplandezca algo nuevo.
Todas estas palabras apuntan, de hecho, a una iluminación que se encuentra más allá de la comprensión y a un reconocimiento que trasciende el pensamiento. Todas esas palabras apuntan, en suma, a una abertura a algo extraordinario –aunque simultáneamente ordinario– que siempre quedará más allá de la comprensión de
nuestra mente.