Las
palabras son simples olas en la superficie del inmenso Océano del Ser.
Las
palabras interpretan, cantan y bailan su canción, para acabar sumergiéndose en
la expansión infinita de la vitalidad.
Lee
estas palabras y déjalas pasar.
Las
palabras sólo pueden indicar. Son indicadores. Meras señales.
Las
palabras no pueden rozar ni capturar la Vida. Quizás, sólo quizás, puedan apuntar
hacia ella.
Quizás,
sólo quizás, las palabras puedan transmitir algún que otro indicio del sabor o
la fragancia de la vida.
Las
palabras de los libros….
Apuntan
a la Vida tal y como se despliega, a la evidente y simple presencia de todo, a
las imágenes, olores y sonidos presentes, a la vitalidad que se halla detrás de
todo, que todo lo mueve, que todo lo trasciende y que lo es todo.
Y,
más allá incluso de eso:
A
la ausencia de toda persona separada y sólida, a la inmensa abertura que, sin
estar separada de nada, todo lo sostiene.
A
la extraordinaria ausencia que, ocupando el centro mismo de la vida, acaba
revelándose como la presencia más perfecta.
Ésta
es la aparente paradoja que yace en el núcleo mismo de la creación:
Ausencia es presencia.
Vacuidad es forma.
La conciencia no está separada de sus contenidos.
Pero
¿qué es lo que queda cuando presencia y ausencia chocan e explosionan?
¿Qué
es lo que queda cuando vacuidad y forma se funden y desaparecen?
¿Qué
es lo que queda cuando el que ve se colapsa en lo visto y cuando sujeto y
objeto se enamoran, enloquecen y se desvanecen en la nada?
¿Qué
es lo que queda cuando todos los conceptos del mundo se
revelan como meros conceptos, qué es lo que queda cuando los pensamientos
recuperan su ritmo natural y la búsqueda improductiva de “la mente del mono”
llega
a su fin?
¿Qué
es lo que resplandece más allá del despertar, más allá de la iluminación, más
allá de lo real y de lo irreal, más allá de la existencia y de la
no-existencia, más allá de lo que es y de lo que no
es,
más
allá del yo y de no-yo, más allá de la dualidad y de la no-dualidad, más allá
de la vida y de la muerte, más allá de todos los más allá?
¿Qué
fue lo que te dio la vida?
¿Qué
fue lo que hace ya eones, te sacó de ti para que pudieras conocerte, tocarte,
degustarte, sentirte y verte?
¿Qué
es lo que te sostiene, te ama y te abraza como una madre abraza a su bebé recién
nacido?
¿Qué
es lo que, desde el mismo comienzo, ha estado llamándote, para que volvieras a
ti mismo?
Esto.
Sólo esto.
Siempre esto.
Continuamente esto.
Ahora
voy a pedirte respetuosamente que olvides todo lo que sabes, todo lo que has aprendido,
todo lo que has leído sobre el despertar espiritual, la no-dualidad, el advaita,
la Unidad y la iluminación, y consideres una nueva posibilidad, la posibilidad
de liberarte ahora mismo, en medio de esta vida aparentemente ordinaria.
Considera, pues, la posibilidad de liberarte, ahora mismo, estés donde estés.
Y
ahora comencemos de nuevo.

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