viernes, 31 de marzo de 2023

Cuentos Sufís - EL RATÓN Y LA RANA

Un ratón que se paseaba a lo largo de un arroyo se hizo amigo de una rana.

Se reunían ambos, todos los días, a una hora fija, en el lugar de su primer encuentro con el fin de contarse historias y divertirse.

Un día, el ratón dijo a la rana:

"¡Oh, tú, el más noble de los animales! Desde hace mucho tiempo, deseo confiarte un secreto. Vienes del agua y a ella vuelves. Y yo, cuando te llamo desde la orilla del arroyo, no obtengo respuesta porque tú no me oyes. Mi corazón no se satisface con nuestros encuentros diarios. Me siento extraviado

cuando no veo tu rostro. Para mí, eres la luz del día y la paz de la noche. Mi corazón desea estar contigo en todo instante. Pero tú ignoras todo de mi estado.

¡Oh, hermana mía! Yo vengo de la tierra y tú vienes del agua. Me es imposible sumergirme en el agua. Es preciso que encontremos un medio para que te lleguen mis llamadas."

Y propuso esta solución:

"Vamos a tomar un hilo muy largo y cada uno de nosotros atará una de sus patas a uno de sus extremos. Así, cuando quiera verte, me bastará con tirar del hilo."

Esta solución no gustó mucho a la rana y se negó.

Si la rana del alma está atada al ratón del cuerpo, es importunada sin cesar por este último, que tira del hilo.

El ratón insistió tanto que la rana acabó por ceder. Se ataron, pues, por medio de un largo hilo y, cada vez que el ratón tiraba de él, la rana subía del fondo del agua para conversar con su amigo. Ahora bien, un día, un enorme cuervo atrapó al ratón y alzó el vuelo. Arrastró al ratón y a la rana tras él, el ratón en su pico y la rana al extremo del hilo. La gente que vio este espectáculo

dijo:

"¡Qué cosa tan asombrosa! Una rana, criatura acuática, ¡cazada por un cuervo!"

La rana, por su parte, se decía:

"¡Quien se hace amigo de una criatura que no es de su clase merece ciertamente el castigo que yo sufro!

martes, 28 de marzo de 2023

Cuentos Sufís - LOS PREGONEROS

Seyid era el sultán de la ciudad de Tirmiz. Y Delkak era su bufón. Un día, el sultán tuvo que tratar. un asunto urgente en Samarcanda, que estaba muy lejos.

Se puso, pues, a buscar un mensajero y envió a sus pregoneros por las calles para difundir este mensaje:

"¡Colmaré con mis favores al que consiga traerme noticias de Samarcanda de aquí a cinco días!"

Cuando oyó a los pregoneros, Delkak montó enseguida a caballo para ir a Tirmiz. Condujo su caballo a tal velocidad que éste estuvo a punto de perecer.

Apenas llegado a la ciudad, Delkak, sin arreglarse siquiera, pidió audiencia ante el sultán.

Toda la corte se sobresaltó, igual que los ciudadanos. Todos se decían:

"¿Qué catástrofe habrá sobrevenido?"

Algunos pensaban que el enemigo estaba a la vista. La multitud se reunió ante el palacio y toda la ciudad se sobresaltó. Todos temblaban por temor a una calamidad.

El sultán permitió a Delkak presentarse ante él. Y Delkak besó el suelo ante el sultán, que le preguntó:

"¿Qué pasa, Delkak?

- ¡Oh, sultán! dijo Delkak. ¡Te pido perdón, pero déjame un instante recobrar mi aliento!"

La inquietud del sultán no hizo sino aumentar. Nunca había visto a Delkak en tal estado. Era normalmente el más alegre de sus íntimos. Cuando hablaba, todos reían tan fuerte que él sudaba. La gente se revolcaba por el suelo. Mientras que, ahora, su rostro era grave y su dedo estaba puesto sobre su boca. El sultán de Tirmiz le dijo:

"Dime enseguida lo que sucede. ¿Quién te ha puesto en tan exagerada inquietud?"

Delkak respondió:

"Estaba yo hace poco en la ciudad y he oído a tus pregoneros que difundían tus órdenes relativas al viaje a Samarcanda. Decían que colmarías de favores al que lo consiguiese. Por eso es por lo que he venido, para decirte que yo no tengo fuerza suficiente para llevar a cabo un viaje semejante, de modo que no esperes que te haga tal servicio.

- ¡Maldito seas! dijo el sultán, ¡has revolucionado a toda la ciudad!"

En ese instante, intervino el visir:

"¡Oh sultán! Si lo permites diré esto: Está fuera de toda duda que Delkak ha venido de su pueblo por una razón muy distinta. Acaba de cambiar de opinión hace un instante. Pretende disfrazar sus palabras y ésa es la razón de sus bromas. Del mismo modo que hay que romper las nueces para obtener su aceite, igual pienso yo que hay que forzarlo a decir lo que tiene en su corazón. Mira cómo tiembla y ve el color de su rostro."

Delkak imploró piedad al sultán, pero éste ordenó que lo encerrasen en prisión diciendo a sus guardias:

"¡Golpead su vientre como si fuera un tambor! Pues sólo golpeando el tambor puede saberse si la caja está llena o vacía."

Muchos hombres se llaman maestros, pero no tienen más discípulo que ellos mismos. El recién casado está sobresaltado, pero la esposa nada sospecha.

domingo, 26 de marzo de 2023

Cuentos Sufís - LÓGICA

Un día el sultán fue a la mezquita. Sus guardas le abrían paso golpeando a la multitud con bastones. Golpeaban a la gente en la cabeza y desgarraban sus camisas. Un hombre no pudo escapar a tiempo y recibió así una decena de bastonazos. Se dirigió entonces al sultán:

"¡No te ocupes de las torturas ocultas! Mira mejor las torturas aparentes.

Mira lo que haces para ir a la mezquita, es decir para llevar a cabo una buena acción. ¿Quién puede decir de qué serías capaz el día en que decidieses cometer una mala acción?"

jueves, 23 de marzo de 2023

Cuentos Sufís - EDADES

Un carnero, un camello y una vaca encontraron en su camino una gavillade paja. El carnero dijo:

"Si dividimos esta gavilla en tres partes, ninguno de nosotros quedará satisfecho. Es preferible que el de más edad de nosotros tres la aproveche él solo.

Porque nuestro deber es respetar a los ancianos."

El carnero propuso que cada uno dijese su edad y empezó por él mismo:

"Yo estaba en el mismo prado que el carnero sacrificado por Abraham. "

La vaca dijo entonces:

"Yo estaba junto a Adán cuando él labraba. Pues yo era la hembra de su toro."

A estas palabras, el camello se apoderó de la gavilla de paja y se puso a comérsela:

"De nada sirve deciros mi edad. Pues, como todo el mundo sabe, mi estatura es la prueba de mi antigüedad. Así, los cielos son más antiguos que la tierra."

martes, 21 de marzo de 2023

Cuentos Sufís - DESPIERTO EN EL SUEÑO

Durante un viaje un judío, un musulmán y un cristiano se hicieron amigos.

Igual que la razón se hace amiga del ego de Satanás, lo mismo un fiel puede hacerse amigo de dos extraviados. El cuervo, el búho y el halcón han caído en la misma jaula. Un Oriental y un Occidental que pasan la noche en un mismo lugar se hacen amigos. Pero cuando los barrotes de la jaula se rompen, cada ave vuela en diferente dirección.

Al llegar estos tres compañeros al final de una etapa, alguien vino a traerles dulces y esté presente alegró a nuestros tres solitarios. Las gentes de la ciudad son sabios refinados en su comportamiento. Pero el campesino es un maestro de generosidad.

Aquel día, el judío y el cristiano no tenían hambre, mientras que el musulmán había ayunado. Era para él la hora de romper el ayuno y era grande su apetito. Pero los otros dos le dijeron:

"Dejemos esto aquí. ¡Los comeremos mañana!

- ¡Comámoslos esta noche! replicó el musulmán. ¿Por qué esperar a mañana?

- ¿Tienes acaso intención de comerlos tú solo? preguntaron los otros.

-Somos tres, dijo el musulmán. Dividamos estos dulces en tres partes iguales y que cada uno se tome su parte como quiera.

- ¡El que divide merece el infierno! Tú eres patrimonio de Dios y todas las partes de los dulces le pertenecen. ¿Cómo te atreverías a hacer ese reparto?"

El musulmán se resignó y dijo:

"¡Oh, amigos! ¡Sea según vuestros deseos!"

Y fueron a acostarse. Por la mañana, cada uno se puso a rezar según su religión. Después de la oración, uno de ellos propuso que cada uno contase su sueño de la noche. Y que el que hubiese tenido el sueño más hermoso, recibiese la parte de dulces del que hubiese tenido el sueño menos hermoso...

El judío contó su sueño:

"En mi camino me crucé con Moisés. Lo seguí a la montaña de Sinaí. Allá arriba nos rodeó la luz. Después, vi que, por voluntad divina, la montaña se dividía en tres partes. Un trozo de la montaña cayó al mar. Y el agua del mar se volvió dulce al instante. Otro pedazo cayó en la tierra y brotaron arroyos como remedios para los afligidos. El trozo tercero voló hacia la Kaaba para convertirse en la montaña de Arafat. Cuando hubo pasado mi asombro, comprobé que la montaña del Sinaí seguía estando en su sitio, pero que su suelo como hielo, se fundía bajo los pies de Moisés. Se fundió hasta tal punto que acabó por allanarse. Cuando este nuevo motivo de asombro se agotó para mí, vi de nuevo a Moisés y el Sinaí en su sitio. Divisé a una multitud en el desierto que rodea la montaña. Cada uno llevaba una caña y un manto y todos se dirigían hacia la montaña. Elevaron las manos para la oración y desearon ver el rostro de Dios.

Cuando hubo pasado mi extrañeza, vi que cada uno de aquellos hombres era un profeta de Dios. Vi también ángeles magníficos. Sus cuerpos estaban hechos de nieve inmaculada. Más lejos, vi a otro grupo de ángeles, pero, esta vez, hechos de fuego..."

El judío siguió así contando su sueño.

¡Oh, tú! ¿Tienes certidumbre en lo que a ti se refiere? ¿O en lo referente a tu existencia? ¿Cómo te permites burlarte así del prójimo? ¿Quién sabe quién tendrá la suerte de morir como un musulmán?

A su vez, el cristiano contó su sueño:

"Fue el Mesías quien se me apareció. Con él, subí tan alto como el sol. Era extraño. No puedo comparar lo que he visto con las cosas de este mundo y no puedo, pues, contaros este sueño."

El musulmán dijo entonces:

"¡Oh, amigos míos! Mi sultán Mustafá se me apareció. Me dijo: "Uno de tus amigos se ha ido al Sinaí. Allí se pasea con la palabra de Dios, colmado de amor y de luz. Jesús se ha llevado a tu otro amigo al cielo. ¡Levántate! ¡Al menos, aprovecha los dulces! Tus amigos han sido favorecidos. Aprovechan la compañía de los ángeles y del conocimiento. ¡Pobre idiota! ¡No pierdas el tiempo! ¡Cómete los dulces!»

A estas palabras, el judío y el cristiano exclamaron:

"¿Te has tomado realmente todos los dulces?

- ¿Cómo habría podido desobedecer una orden del profeta? Tú, que eres judío, ¿no harías lo mismo con una orden procedente de Moisés? Y tú, que eres cristiano, ¿te atreverías a desobedecer a Jesús?"

Los otros dos le dijeron:

"Ciertamente, tu sueño es más justo que el nuestro. Tu sueño consiste en estar despierto en tu sueño. ¡Qué hermoso sueño!"

Deja a un lado las pretensiones referentes al conocimiento y al misticismo.

La cosa más hermosa es comportarse con respeto y servir al prójimo.

viernes, 10 de marzo de 2023

Cuentos Sufís - EL CIRCULO

El viento se puso a soplar y los fieles se sentaron, protegidos, en medio de un círculo. La tempestad hacía estragos, pero la misericordia de Dios era como un barco. Dios no ha creado los barcos para ser sultán de ellos. Su fin no es hacer de sultán, sino asegurar la seguridad de sus criaturas.

Si el buey avanza no es para llevar su fardo, sino para evitar los latigazos. Dios le ha enseñado este temor para que sirva a Sus servidores. El que trabaja no se esfuerza para mejorar el mundo, sino para sí mismo. Cada uno busca un remedio a sus propios tormentos y así es como el universo acaba por encontrar

un orden. Dios ha hecho del temor el pilar del universo. Todos experimentan temor hacia las cosas buenas y hacia las cosas malas. Pero ninguno siente temor hacia sí mismo. Pues cada uno de nosotros tiene un adversario. Aunque está muy cerca de nosotros, nos es difícil apoderarnos de él. En realidad, es fácil

apoderarse de él, pero no con los sentidos de este mundo. Para eso los sentidos no sirven de nada. Si el sentido animal bastase, el asno y el buey serían los Beyazid de su tiempo.

Es Dios quien ha casado el cuerpo y el espíritu. Es El quien hizo de un barco el caballo de Noé. Si El quisiera, ese mismo barco sería para ti un huracán.

Debes saber que el pesar y el gozo que llevas en tu corazón son el barco y la tempestad que Dios te ofrece en cada instante.

Como los ojos no ven el origen del temor, se espantan ante cada imagen. Si un hombre fuerte da un puñetazo a un ciego, éste cree que se trata de un camello que le ha dado una coz. Si, por casualidad, oye en el mismo instante el grito de un camello, sus oídos serán para él como ojos. Si no, habría podido

decir: "Quizá sea una piedra que me cae en la cabeza." Pero, en realidad, se equivoca en los dos casos. Estas situaciones son cosa del que ha creado el temor.

El sabio llama "inquietud" al temor, pero su comprensión está pervertida. ¿Cómo experimentar inquietud sin conocer la verdad?

Las mentiras derivan de la verdad. ¡Oh, mentiroso! ¡No niegues la verdad!

Cada hombre de Dios es el Noé del corazón o el marinero de Noé. Debes saber que la frecuentación del pueblo es peor que el huracán, pues, cuando está contigo, te hace perder el tiempo. Y si está lejos de ti, murmura de ti. Sus sueños se beben el jugo de tus ideas como un asno sediento. Te resecan. Un tallo fresco

obedece a la dirección que quieres darle, pero eso es cosa difícil para una rama seca.

Si los bosques se transformaran en lápices y el océano en tinta, este Matnawi nunca terminaría. Y si los bosques no bastasen, brotarían árboles en el fondo del mar. Más vale abandonar el océano e ir hacia las tierras. Es más agradable hablar de juguetes con un niño. Pues el niño se sumerge en el océano

de la razón a través de sus juegos. Aunque éstos parecen disparatados, la razón del niño se desarrolla con ellos. A un niño que estuviese loco no le gustaría jugar. Se necesitan fragmentos para dar testimonio de la globalidad.

miércoles, 8 de marzo de 2023

Cuentos Sufís - SUCESORES

Dios se dotó de un sucesor para que éste reflejase Su perfección en su corazón. Lo colmó de favores ilimitados. Luego creó a su opuesto a partir de la oscuridad. Fabricó dos estandartes, uno blanco, otro negro. ¡Y cuántos combates han tenido lugar bajo esos estandartes! La segunda generación de esta oposición estuvo formada por Caín y Abel. Esto continuó con Abraham y Nemrod, hasta Moisés y el Faraón. Después, hasta el tiempo de Mahoma, al que intentó torturar Ebu-Cehil.

¿Qué es la fe? Es hacer correr el agua de un arroyo. Cuando el alma se desprende del cuerpo, corre. El sabio es el que libera su alma en lugar de la carne y la envía hacia la pradera. Para explicar el orden divino, la rosa, a veces, se convierte en espina.