jueves, 23 de julio de 2015

Ajahn Chah (1)


Ajahn Chah
Nació en un pueblo de la parte noreste de Thailandia.
Fue uno de los más grandes maestros de meditación del siglo XX y su influencia caló hondo en el budismo Theravada.
Probablemente, es el monje más famoso de la Tradición Thailandesa del Bosque.
Desde muy temprana edad se convirtió en novicio y, a la edad de veinte años, recibió los más altos grados monásticos.
Siguiendo la tradición de austeridad propia de la Orden del Bosque, deambuló por los arbolados parajes de la región tailandesa donde nació, alimentándose con la comida que le obsequiaban, pues era un peregrino mendicante.
Con el tiempo, llegó a ser un consumado maestro de meditación que compartía la realización del Dharma con todos los que lo buscaron.
La esencia de su mensaje siempre fue muy simple: ser consciente, no apegarse a nada, dejar todo y rendirse a la manera natural de cómo las cosas son.
Su enseñanza atrajo a muchos occidentales que venían a practicar en Wat Pah Nanachat, un monasterio que fundó.
En 1979 llevó el Dharma a Europa a través de una extensión del Wat Pah Nanachat que instaló en Sussex, Inglaterra.
Hoy en día, existen ramas de este monasterio en varios lugares de Europa, de Australia y de Nueva Zelanda.
Su muerte ocurrió al final de una larga enfermedad.
Uno de sus libros, que por cierto es el que ha tenido mayor difusión, es No Ajahn Chah., cuyo texto es una recopilación de citas y reflexiones.
Los fragmentos que aparecen enseguida, fueron extraídos de sus páginas.

Sobre meditación, expresó:
No digas que no tienes tiempo para meditar. Si tienes tiempo para respirar, tienes tiempo para meditar. La meditación es tan importante como la respiración.
No te excuses diciendo que porque enfermaste no pudiste practicar. Si no practicas cuando la muerte está cerca; entonces, ¿Cuándo lo harás?
No practiques sólo cuando estés lleno de energía y de humor para hacerlo. En los momentos de mayor desgano y de menor interés es cuando más necesitas meditar.
No se medita para obtener algo; la meditación se practica para quitarse cosas de encima. Medita con desprendimiento, no con deseo. Procura que tu práctica te ayude a dejar ir, no a incrementar tus apegos.
Para meditar no tienes que ir al santuario ni al monasterio. El mejor lugar para meditar es tu corazón.
Te recomiendo que, cuando termines tu sesión, no pienses que dejaste de meditar. Sólo di que cambiaste de postura.

Sobre la muerte, hace los siguientes comentarios:
No llores cuando te encuentres junto al lecho de un moribundo. Si de veras quieres llorar, hazlo cuando nace una persona; porque si no hubiera nacimiento, no habría muerte ni sufrimiento.
Si no comprendes la muerte, te puedes pasar la vida lleno de confusión.
Si tu entrenamiento es el adecuado, no te atemorizará la enfermedad ni te alterarás cuando la muerte llegue.

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