sábado, 11 de julio de 2015

Nuestro espejo y el proceso de la unidad.


Estaba Buda meditando en la espesura junto a sus discípulos, cuando se acercó un detractor espiritual que lo detestaba y aprovechando el momento de mayor concentración de Buda, lo insulto, lo escupió y lo lanzó tierra.
Buda salió del trance al instante y con una sonrisa placida envolvió con compasión al agresor; sin embargo los discípulos reaccionaron violentamente, atrapando al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden Buda para darle su merecido.

Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los discípulos, que suelten al hombre, y se dirige a este con suavidad y convicción diciéndole:
Miré lo que usted género en nosotros, nos expuso como un espejo, muestra el verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a probar nuestra verdad o  nuestra hipocresía, usted vio que en un instante yo le llene de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida.

Regrese siempre que lo desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es solo un engaño de la mente esto de ver la unidad de todo.
Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la lección de grande del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la vergüenza interna.

A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda, se arrojó a los pies y le dijo, en forma muy sentida.
No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico me perdone y me acepte junto a Usted.

Buda con una sonrisa en la boca en el rostro, le dijo “Usted es libre de quedarse, con nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo”.
El hombre muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el maestro de la compasión, a lo que Buda respondió:

“Entiéndame, para que alguien le perdone debe de haber un ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que causo la herida”.
Y continuo “No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por usted, no puedo perdonarlo, solo lo amo. Quien ama, ya no necesita perdonar.”

El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena, todavía de turbulencias y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con compresión infinita:
Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que necesitamos a alguien dispuesto a perdonar. Vamos a buscar a los discípulos, en su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magnánimos por perdonarlo, poderosos por darle su perdón y usted también va a estar contento y tranquilo por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos todos quedaran contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada hubiera pasado.

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