Los chamanes del México
antiguo dieron el nombre de aliados a unas fuerzas inexplicables
que actuaban sobre ellos. Los llamaron aliados porque pensaron que podrían
servirse de ellos para su satisfacción, un concepto que resultó ser casi fatal
para aquellos chamanes, porque lo que ellos llamaban aliados
son seres sin esencia corpórea que existen en el universo. Los
chamanes de hoy en día los llaman seres inorgánicos. Preguntar
cuál es la función de los aliados es como preguntar qué hacemos los hombres en
el mundo. Aquí estamos: eso es todo. Y los aliados están aquí como nosotros; y
puede que estuvieran antes que nosotros.
El modo más eficaz de vivir
es vivir como un guerrero. Puede que un guerrero piense y se preocupe antes de tomar
una decisión, pero una vez que la ha tomado, prosigue su camino libre de
preocupaciones o pensamientos; todavía habrá un millón de decisiones
esperándolo. Ése es el camino del guerrero.
Un guerrero piensa en su
muerte cuando las cosas pierden claridad. La idea de la muerte es lo único que templa
nuestro espíritu.
La muerte está en todas
partes. Acaso esté en los faros de un coche que alumbran tras de nosotros desde
lo alto de una colina distante. Pueden permanecer visibles por un rato y entonces
desaparecer en la oscuridad como si se los hubiera tragado la tierra, para
aparecer sobre otra colina y luego desaparecer de nuevo.
Ésas son las luces que lleva
la muerte sobre su cabeza. La muerte se las pone por sombrero y se lanza al galope,
ganándonos terreno, acercándose más y más. A veces apaga sus luces. Pero la
muerte nunca se detiene.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.