Un guerrero sabe que espera
y sabe lo que espera; y mientras espera no desea nada, y así cualquier casa que
recibe, por pequeña que sea, es más de lo que puede tomar. Si necesita comer,
encuentra el modo porque no tiene hambre; si algo lastima su cuerpo, encuentra
el modo de pararlo porque no tiene dolor. Tener hambre o tener dolor significa
que el hombre no es un guerrero, y las fuerzas de su hambre y de su dolor lo
destruirán.
Negarse a sí mismo es una
entrega. Entregarse a la negación es, con mucho, la peor de las entregas; nos fuerza
a creer que estamos haciendo algo valioso, cuando de hecho sólo estamos fijos
dentro de nosotros mismos.
El intento
no es un pensamiento, ni un objeto, ni un deseo. El intento
es lo que puede hacer triunfar a un hombre cuando sus pensamientos le
dicen que está derrotado. Actúa aun a pesar de que el guerrero se haya entregado.
El intento es lo que lo hace invulnerable. El intento
es lo que envía a un chamán a través de una pared, a través del
espacio, al infinito.
Cuando un hombre se embarca
en el camino del guerrero, poco a poco se va dando cuenta de que la vida ordinaria
ha quedado atrás para siempre. Los medios del mundo ordinario ya no le sirven
de sostén y debe adoptar un nuevo modo de vida para sobrevivir.
Cada pizca de conocimiento
que se convierte en poder tiene a la muerte como fuerza central. La muerte da
el toque definitivo; todo lo que la muerte toca, en verdad se vuelve poder.
Sólo la idea de la muerte da
al hombre el desapego suficiente para ser capaz de no abandonarse a nada. Un hombre
así sabe que su muerte lo está acechando y que no le dará tiempo para aferrarse
a nada; así que prueba, sin ansias, todo de todo.
Somos hombres, y nuestro
destino es aprender y ser arrojados a mundos nuevos e inconcebibles. Un guerrero
que ve la energía sabe que no hay fin a los nuevos mundos que se abren a
nuestra visión.
«La muerte es un remolino;
la muerte es una nube brillante en el horizonte; la muerte soy yo hablándote;
la muerte sois tú y tu cuaderno de notas; la muerte no es nada. ¡Nada! Está
aquí, pero no está aquí en absoluto.»
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