Lo
que sí veo es que mucha gente busca, intentando escapar de lo que piensan y sienten en el
momento. Oponen una resistencia férrea a la experiencia presente, pero no se dan cuenta de que es eso lo que hacen, y tienen así la sensación de que el sufrimiento les
invade, casi como si les llegara del exterior y fueran víctimas de él. Si se
dieran cuenta de la magnitud de su resistencia al momento, no tendrían que seguir
recurriendo a todo tipo de extrañas teorías para explicar o justificar su
sufrimiento. Dejarían de culpar de su sufrimiento a la vida, dejarían de
culparse a sí mismos, a los demás o a las circunstancias; dejarían de culpar a
la alineación de los planetas o de las estrellas, a las fuerzas
electromagnéticas o las energías cósmicas, a su karma, a su gurú, a Dios o al diablo,
y serían responsables en el auténtico sentido de la palabra: capaces de
responder a la
vida tal como es en este mismo instante, y no a la vida como imaginan que es o
que debería ser.
Todo
mi sufrimiento resultó ser un regalo, no una maldición. La depresión apareció
para hacerme ver —de la manera más dramática que cabe— hasta qué punto me había
desconectado de la vida. Visto así, el sufrimiento siempre es una señal que nos
indica el camino de vuelta a la integridad.
Con
frecuencia, solo cuando empezamos a sufrir comenzamos a escuchar a la
vida.
Así que, de algún modo, a todos se nos provee de la cantidad de sufrimiento
exacta que necesitamos para reconocer quiénes somos realmente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.