Una yegua y su potro bebían juntos en el abrevadero.
De pronto, el palafrenero se puso a silbar para impedírselo. El potro, asustado
por aquel ruido, dejó instantáneamente de beber. Pero su madre le dijo:
"¡Oh, potro mío! ¿Por qué dejas de beber?"
El potro respondió:
"Me ha asustado el ruido de esa gente que
silba. Mi corazón tiembla de miedo ante la idea de que se pongan a gritar todos
juntos."
La yegua le dijo:
"El mundo está hecho así. Todos hacen algo. ¡Oh
hijo mío! ¡Haz tú lo que tienes que hacer! ¡Trenza tu barba antes de que te la corten!
El tiempo es limitado y el agua corre. ¡Alimenta tu alma antes de ser separado
de ella!"
Las palabras de los hombres de Dios son una fuente
de vida. ¡Oh, sediento ignorante! ¡Ven! Aunque no veas el arroyo, haz al menos
como los ciegos que echan su cántara al río.
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