En la época de Beyazid Bestami, un musulmán exhortó
un día a un infiel a que se convirtiera. Le dijo:
"¿Por qué no reunirte con el rebaño de los que
logran su salvación descubriendo la luz del Islam?"
El otro respondió:
"Si es de la fe del sheij Beyazid de la que
hablas, no tendré ciertamente fuerza para resistirme. Estoy lejos de la
religión y de la fe, pero las respeto. Mi boca está cerrada con un sello, pero me adhiero
secretamente a su fe. Si la fe de la que hablas es la vuestra, no tengo ningún deseo
de compartirla. Pues cualquiera que es atraído por la fe pierde inevitablemente
su interés por ella al veros. De vuestra fe sólo queda el nombre. Es como
si llamaseis a la gente a buscar asilo en el desierto. En contacto con
vosotros, el fuego del amor a la fe se apaga."

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