Un día un ladrón dijo a uno de los soldados del
sultán: "¡Todo lo que he hecho ha sido querido por Dios! -Lo mismo me pasa a
mí," replicó el soldado. Si alguien roba rábanos de un puesto de venta e intenta
disculparse diciendo: "¡Es ¡Dios quien lo ha querido!, dale un puñetazo en la
cabeza y vuelve a poner los rábanos en su sitio, pues también eso es la voluntad
de Dios.
¡Oh, idiota! Sabes bien que ningún tendero aceptará
ese pretexto. ¿Cómo, entonces, puedes contar con Él? ¡Oh, ignorante! Al
persistir en este error, arruinas tu sangre y tus bienes. Si tal argumento
pudiese servir, entonces cualquiera podría arrancarte el bigote con esa
excusa.
También yo estoy lleno de deseos, pero el temor de
Dios ata mis manos y mis brazos.
Cuando se trata de satisfacer tu ego, tienes como la
voluntad de veinte personas. ¡Y, para lo demás, invocas la voluntad de
Dios!

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