viernes, 15 de julio de 2022

Anecdotas del Talmud - EL ORGULLO CONDUCE AL PECADO

Rabí Elazar, dijo de Rabí Shimon, volvía a su casa montando un asno, al que conducía despaciosamente a la vera del río. El tiempo era bueno y el alma de Rabí Shimon se llenó de alegría -la alegría de la vida. Pensaba en lo que había aprendido de su maestro y comenzó a sentirse superior. Y de repente se cruzó con un hombre que tenía un rostro horrendo y lo saludó. Entonces, en lugar de responderle afablemente, como corresponde, Rabí Elazar le dijo:”- ¿son todos en tu ciudad tan

feos como tú?”. El hombre le respondió:”-no sé, pero mejor ve a lo del maestro que me creó y dile que el objeto que forjó es feísimo”.

Al escuchar estas palabras, Rabí Elazar entendió que había cometido un pecado, entonces se bajó del asno, cayó de hinojos ante el hombre y le pidió que lo perdonara; pero éste se mantenía en los suyo: que fuera a lo del maestro que lo creó y le dijera lo feo del objeto que forjó. Rabí Elazar fue caminando detrás del hombre hasta que llegaron a la ciudad y todas las personas que lo encontraban lo saludaban diciendo:” la paz sea contigo, Rabí”.

El hombre preguntó:”- ¿a quién llaman Rabí?, y le respondieron: al que iba detrás de él. A lo que el hombre dijo:”-si este es un Rabí, ojalá que no haya muchos como él”, y les contó lo sucedido. La gente le pidió que lo perdonara, a lo que finalmente accedió. Inmediatamente, Rabí Elazar entró a la Casa de Estudios y pronunció una homilía respecto a la necesidad de que los seres humanos posean una naturaleza positiva, sean humildes y, a veces, se doblen como un junco y no sean duros ni altaneros como un ciprés.

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