Rabí Najman comía en la casa de Rabí Itzjak, cuando estaba por irse, Rabí Itzjak le pidió una bendición, a lo cual Rabí Najman le dijo: ”-te voy a relatar una parábola: Un hombre iba por un desierto, hambriento, cansado y sediento. De repente encontró un árbol que daba una hermosa sombra y pendían de él hermosos frutos y un pequeño arroyo corría debajo.
Después de saciar su hambre y sed,
descansó a la sombra, se dirigió al árbol y le dijo:” ¿con qué te puedo
bendecir? que tus frutos sean dulces, lo son. Que tu sombra sea profusa, ya lo
es. Que haya un arroyo que te recorra, ya lo tienes. Lo único que te puedo
desear es que todas tus ramas que se planten en otros lados sean tan proficuas
como tú”.
Y a ti -terminó Rabí Najman- a quien nada le falta, te deseo que tus hijos sean como tú”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.