Pero el príncipe, que había recordado quien era y su
promesa de volver, inició el retorno, sin escuchar los
argumentos de su amigo. Al verlo tan decidido, el leal
sirviente, presuroso abandonó todo y lo acompañó.
Poco a poco se dieron cuenta que disponían de muchas
señales que mostraban el camino a casa. Apenas
empezaron a andar, cuando comenzaron a cruzarse con
otros viajeros, quienes cariñosamente los alimentaban y les
indicaban hacia dónde seguir.
La lealtad del sirviente pudo más que su orgullo y su
absurdo temor al castigo. Caminó a la par de su amo, quien a
medida que avanzaba, volvió a cantar como un ángel y a
recuperar su alegría y prestancia.
De pronto ante sus maravillados ojos, a lo lejos, en lo alto de
una montaña, se perfiló la silueta del grandioso
castillo…ambos sonrieron y se abrazaron emocionados…
¡por fin habían vuelto a CASA!

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.