A medida que se alejaban del reino, poco a poco la comida
comenzó a escasear, ya no había frutos que recoger, pero el
sirviente sabía buscar raíces comestibles y cazar pequeños
animales que les servían de alimento.
Una noche, cuando dormían plácidamente en torno a la
hoguera que juntos habían encendido, un grupo de forajidos
los asaltó quitándoles las pocas posesiones que tenían.
Malheridos y asustados, decidieron volver al Castillo, pero
pronto se dieron cuenta que ya no recordaban el camino de
regreso.
En las malas condiciones que se encontraban, vacilantes,
intentaron llegar a algún lugar. El príncipe parecía no hacer
nada útil, por lo cual el sirviente comenzó a andar cada día
más malhumorado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.